El patrimonio cultural y los milagros económicos
enviado por Raúl Mendoza Cánepa publicado el 11/01/2010 a las 3:06 PM
Existe la idea equivocada que el patrimonio cultural es un estorbo. No tiene por qué ser así. Al contrario, trae turismo y da empleo. Por ejemplo, solemos ver a las huacas como montículos de adobe antes que como minas de oro. Salvo la huaca Pucllana, no sé de muchos restos arqueológicos que aprovechen la dinámica económica y que dispongan de luces y señales o restaurantes alusivos o visitas guiadas.
Con imaginación siempre se puede potenciar el patrimonio cultural para darle mayor valor. Para que vean nuestra noción de lo propio vale un ejemplo. Hace varios años, en las cercanías de la Universidad Católica, en la Av. Universitaria, había un camino inca. Quien estudió en la PUCP por esos años sabe que ese camino estaba cargado de hedores y que los huecos hechos a la mala por impacientes caminantes eran las puertas obligadas que conectaban la Universitaria con la Marina para los atribulados peatones. Era un peligro pasarlo (casi treparlo, más bien) porque abundaban los malhechores.
A un alcalde de Lima de entonces se le ocurrió romper el camino (el camino era como un puente rodeado de muros) para extender la Universitaria y darle salida a los habitantes de los conos a la Av. La Marina. ¡Qué patrimonio ni que nada!. Lo que no previó el alcalde (no lo creo) es que al eliminar los restos de la vía inca, estaba creando un polo de desarrollo. Dudo que ese alcalde supiera que con los caminos y las carreteras se construyen polos de desarrollo, pero así fue. Al darle salida a la Universitaria hacia La Marina se generó mayor tránsito y acceso de millones de personas a un Centro Comercial (en el cruce de La Marina y Universitaria, precisamente) que, por entonces, estaba casi en quiebra y era fantasmal: Plaza San Miguel. “Abres una carretera, una vía de acceso y creas una ciudad”, dicen.
Con la conexión vial y, eventualmente, con la llegada de la tienda Wong y luego de Pizza Hut y Bembos, Plaza San Miguel resurgió de sus cenizas. Se convirtió en un emporio, multiplicó sus ventas y tornó los alrededores en una zona comercial. Se beneficiaron los ciudadanos, los transeúntes (c0mo el blogger, por entonces universitario), los negocios y el propio municipio san miguelino que recaudó más y, subsecuentemente, los vecinos.
Ahh, claro, y me olvidaba (para que vean como somos los peruanos con nuestro patrimonio, yo mismo ¿Ven?): ”¿Y EL CAMINO INCA?”
Bueno, este caminito de adobe fue olvidado por todos, desde luego. ¿A algún alcalde se le hubiera ocurrido construir una pista a desnivel para sortear la vía incaica? En ese caso, reforzar y mejorar el camino inca y promover restaurantes y museos viculados muy cerca (debajo del desnivel o al lado, claro), áreas verdes o más. Por supuesto que no. Vivimos en torno a resultados. Lo que estorba lo sacamos a machetazos o picos. El patrimonio cultural suele ser el ”mueble innecesario” o acaso, la piedra dentro del zapato.
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