¿Antidiscriminación o cucufatería ignorante? El caso del “baño para amas”

Ha causado revuelo un post que denuncia una supuesta discriminación porque un club tiene un baño especial para amas. Más allá de la histeria de adhesiones inmediatas que este tipo de “denuncias” provoca, hace falta un análisis desapasionado del tema. Mi intención es ayudar al entendimiento de las cosas y evitar esas manifestaciones histéricas que los talibanes del pensamiento progre emprenden con facilidad, en una época en que la reflexión y el análisis fundamentado parecen cosa del pasado.

La “denuncia” nos muestra la foto de un cartel que anuncia que hay un baño para amas. Este cartel está dentro de un club privado. No está en la feria Mistura ni en un Centro Comercial abierto al público en general. Esa es la primera cosa que hay que diferenciar. Dentro de un club privado se dan una serie de normas que los socios aprueban con el derecho que les da su dinero. Si no pagan sus cuotas pierden sus derechos y hasta es posible que les nieguen el ingreso o los expulsen de la comunidad.  Ese es un club privado.

En un club privado los socios pagan para tener una serie de instalaciones a las cuales solo ellos,  los cotizantes, tienen el derecho de uso. Así de simple. Para los demás, o sea, los trabajadores administrativos, las visitas, los proveedores, etc., habrán espacios reservados que no incluyen obviamente el goce y disfrute de las instalaciones del club, puesto que no son públicas. Son privadas. A ver si lo entienden.

Dentro del club pueden haber,y de hecho hay, una variedad de servicios higiénicos destinados a segmentos diferentes de personas. Los hay para los socios, con las características que ellos lo han exigido y pagado, pero también los hay para niños y minusválidos, para los trabajadores administrativos, quizá también para los jardineros y vigilantes, los visitantes y, porqué no, para las amas. Y podrían haber muchos más.

Esto no quiere decir que tales servicios higiénicos sean denigrantes. De ningún modo lo son. Por el contrario, son mucho mejores que los servicios higiénicos de muchas entidades públicas, colegios nacionales y hospitales, por decir algo. Simplemente existen servicios que han sido destinados a un público específico. Nada más. Hasta es posible que todos estos servicios sean iguales, salvo, desde luego, el de minusválidos.

La candorosa denuncia no nos muestra imágenes del “baño de amas”. No nos dice si tal baño es poco digno para una persona. Solo muestra un cartel que indica que hay un baño para amas. No sé por dónde este solo hecho podría ser motivo de escándalo e indignación. Las amas no son socias del club. Están allí cumpliendo su trabajo, pero tienen las facilidades de contar con un baño propio, que no es el de los trabajadores administrativos, que no es el de los jardineros ni vigilantes, que no es el de los visitantes.  Es un baño exclusivo para ellas. ¿Hay algún problema con eso?

Francamente me parece ridículo montar todo un escándalo alrededor de un cartel dentro de un club privado, sin mostrar nada, absolutamente nada, que motive una indignación real, como por ejemplo, un baño indecoroso, sin agua, que no es más que un agujero en el piso, o algo así. No. Solo hay un cartel y un montón de prejuicios y reclamos histéricos.

Creo que hay en el mundo muchas causas de indignación mejor justificadas, como por ejemplo, la condición de las mujeres musulmanas que siguen siendo condenadas a la lapidación por infidelidad, las adolescentes africanas a quienes se les sigue amputando el clítoris para evitarles los pensamientos impuros, o las mujeres peruanas víctimas del salvaje machismo que aun impera en nuestra “cultura”.

Para luchar por la discriminación primero hay que saber lo que esta es, y luego hay que saber reconocerla bien. La discriminación es un proceso fundamental del cerebro humano y es lo que nos permite, entre otras cosas, la organización social. Discriminamos cuando subimos al bus y miramos las caras antes de sentarnos, cuando contratamos un gasfitero o cuando elegimos un restaurante. Nos discriminan cuando postulamos a la universidad o a un empleo, y hasta cuando buscamos pareja o simplemente invitamos a bailar. La discriminación es una facultad del cerebro humano.

Woody Allen decía: “no es que la masturbación sea mala sino que ha sido muy desprestigiada”. Algo similar podríamos decir respecto de la discriminación: no es que sea mala, sino que ha sido muy desprestigiada, en especial por una secta de fanáticos del igualitarismo ramplón, que no ve más allá de los carteles.

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De derecha. Amante de la razón, la ciencia y la racionalidad; enemigo de la candidez, la cucufatería y la estupidez. O sea, anticaviar. Para más señas: ateo, agnóstico y escéptico. Ajeno a creencias religiosas y supersticiones de toda índole. Enemigo de esta cultura de la frivolidad y la banalidad. Mi correo para los amigos y enemigos ldbobadilla@yahoo.com…

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