El tablero de Oriente Medio vuelve a moverse con la liberación de Gilad Shalit
Por Ángel García Català
Existe una ley periodística que dice que, en términos de relevancia mediática, la muerte de un solo ciudadano occidental equivale a la muerte de más de 30 ciudadanos chinos. Son las injusticias de las rutinas informativas, impuestas por los medios hegemónicos.
La liberación del soldado israelí Gilad Shalit a cambio de más de 1000 prisioneros palestinos representa, salvando las distancias, una situación similar. Un canje en el que un ciudadano tiene el peso de mil.
Juego de suma cero
Un canje en el que todos los actores implicados -como suele suceder en este tipo de operaciones diplomáticas- se declaran victoriosos.
Israel, en palabras de su primer ministro, Benjamin Netanyahu, saca pecho diciendo que "estamos trayendo a Shalit a casa". Egipto vuelve a proclamarse el árbitro indiscutible del partido, defendiendo -en sus horas más convulsas- su importancia política en la región. En cuanto a los protagonistas palestinos, Mahmud Abbas y la Autoridad Palestina difícilmente pueden asumir una posición semejante. Hamás, sin embargo, celebra el acuerdo como una muestra de su poderío: "Abbas ha estado negociando un millón de años y no ha conseguido ningún acuerdo así, ha exigido la libertad de los prisioneros sin ofrecer nada a cambio".
De lo que no hay duda, en cualquiera de los bandos, es que este intercambio histórico supone la inaguración de una nueva etapa en la región, en la que las repercusiones políticas son todavía difíciles de prever.
De cabo a sargento en cautiverio
El 25 de junio de 2006, el cabo Gilad Shalit, de 19 años de edad, y con 11 meses de servicio militar, fue secuestrado a manos de una fuerza conjunta de milicianos palestinos. En el ataque, ocurrido cerca del puesto de control de Kerem Shalom, dos militares israelíes y dos milicianos palestinos resultaron muertos.
Según la BBC, Hamás y el grupo Comités de Resistencia Popular (con miembros de al-Fatah, la Yihad Islámica y Hamás, y un grupo desconocido autodenominado Ejército del Islam) fueron los responsables del atentado.
Hamás, que ese mismo año había obtenido una victoria sin precedentes en las elecciones legislativas de los territorios palestinos ocupados, se convertía así en el único portavoz con el que Israel podía negociar la liberación de su soldado. Un temible portavoz, si se tiene en cuenta que la organización islamista busca sin ambajes la destrucción del estado israelí.
Los intentos por lograrlo han sido, en efecto, numerosos a lo largo de estos cinco años de secuestro (años en los que Shalit, por cierto, ha ascendido de cabo a sargento).
¿Por qué ahora entonces, y no antes?
Paul Danahar, corresponsal jefe de la BBC en Oriente Medio, ofrece un valioso análisis en un artículo publicado a raiz del anuncio del acuerdo. En su opinión, no existen grandes diferencias fundamentales en cuanto a los términos del mismo se refiere. El factor determinante ha sido, dice, otro: la presencia de Mahmud Abbas en la ONU, durante la Asamblea General, en la que hizo un llamado al resto de miembros para el reconocimiento oficial de Palestina.
Hamás, alertada ante la extraordinaria acogida que el pueblo palestino hizo de su arriesgado movimiento diplomático, vió peligrar su popularidad en Gaza. En estos últimos años, el asfixiante bloqueo comercial ejercido por Israel en la zona -ligeramente aliviado tras el ataque a la flotilla humanitaria Mavi Marmara-, provocó que Hamás subiera los impuestos en artículos como el tabaco o la gasolina, con el consiguiente costo político.
La apuesta de Abbas llegó, en consecuencia, en el peor momento, y a Hamás no le ha quedado otra opción que jugar su mejor carta: Gilad Shalit.
No extraña, por tanto, que los prisioneros palestinos a liberar vayan a ser recibidos a lo grande en Gaza, en un ambiente festivo que promete ser épico, en claro contraste con la modesta ceremonia de bienvenida que los israelíes han preparado para su soldado.
Liberados con sangre y sin ella
Entre la numerosa lista de liberados palestinos difundida por Israel (se liberarán 477 en una primera fase, y los restantes 470 en una segunda), abundan los prisioneros políticos, que, según Danahar, deberían haber abandonado las cárceles israelíes hace tiempo. El diario El País (también The Guardian), ofrece un análisis sobre los casos más relevantes de los 280 condenados a cadena perpetua que serán también liberados:
En la lista está, por ejemplo, Nasser Yataima, condenado 29 veces a prisión vitalicia por cooperar en un atentado que en 2002 mató a 30 personas, casi todos pensionistas, que celebraban la cena de Pascua en un hotel de Netanya. Está Abed Alaziz Salaha, que en 2002 participó en el linchamiento y descuartizamiento, ante las cámaras de televisión, de dos soldados israelíes en Ramala. Está Walid Anges, participante en el atentado contra la cafetería Moment de Jerusalén en 2002, con 11 muertos. Y está la periodista Amna Muna, que en 2001 sedujo a través de Internet a un adolescente israelí simpatizante de la causa palestina, Ofir Nahum, y le atrajo a un paraje cerca de Ramala donde varios cómplices de Fatah le destrozaron el cuerpo a tiros.
La agencia AFP completa la lista con los siguientes:
Entre los detenidos liberados figura el más antiguo prisionero palestino en Israel, Nail Barghuti, encarcelado desde 1978, y la primera mujer de la rama armada del Hamas, Ahlam al Tamimi, condenada a 16 penas de cadena perpetua por un atentado en una pizzería de Jerusalén Oeste (15 muertos, el 9 de agosto de 2001).
Sobre el destino de los liberados, la misma nota explica:
De los 477 prisioneros, 137 serán autorizados a volver a sus casas en la Franja de Gaza, 96 a Cisjordania y 14 a Jerusalén Este. En cambio, 204 palestinos serán desterrados: 164 hacia la Franja de Gaza y 40 al extranjero (Turquía, Qatar y Siria). Seis árabes israelíes podrán volver a sus domicilios.
Estarán también en la lista, por primera vez, seis ciudadanos israelíes. Enric González, corresponsal en Jerusalén de El País, lo valora así:
Hay otro elemento en el acuerdo de canje que refuerza adicionalmente a Hamás: entre los excarcelados figuran seis ciudadanos israelíes. Israel sostiene que todos sus ciudadanos son iguales, sean judíos o musulmanes, y en anteriores intercambios de presos se había negado a incluir a árabes israelíes. Esta vez lo ha hecho. Y con ello ha confirmado, de forma implícita, que Hamás (una organización ilegal) responde a los intereses de los árabes israelíes, casi un 20% de la población del país.
No se encontrarán, por último, algunos de los prisioneros palestinos más emblématicos, entre los que destaca Marwan Barghouti, considerado por muchos como el Mandela palestino o el próximo Arafat, y que es considerado el líder al frente de la Segunda Intifada.
Muchos israelíes temen, a pesar de que el acuerdo cuenta con un mayoritario apoyo popular, que el intercambio siente un mal precedente y que, en el futuro, Hamás vuelva a intentar secuestrar a otro ciudadano israelí con el objetivo de liberar más prisioneros.
¿Estará, hipotéticamente, Barghouti en una próxima lista?