IQT (Iquitos, mi ciudad)

Esta es una ciudad de sonidos y msica.

Imagina conducir una motocicleta, sin idea clara de donde ir, solo con tus ganas. Recorre calles, plazas y parques. Recorre sus arterias y parte de su corazn.

Mira, por ejemplo, el Cementerio General, recuerdo de nuestros ancestros y cuna de nuestras fantasas. Mira la ciudad atestada de instalaciones militares, aquellas banderas de guerra imaginaria que fueron parte de los temores de nuestros padres.

Esta ciudad, nuestra ciudad.

Ciudad de motocarristas que corren a mil por hora con sus maquinas decrpitas y su inimputabilidad apenas disimulada.

Ciudad de la tacachera que te sonre y del chiquito que vende chupete de ungurahui especial. Ciudad de las hamacas y rboles que protegen tu casa de la maldicin sofocante. Ciudad de la salsa picante de cocona y los sbalos humeantes que asesinan dietas en el embarcadero de Bellavista-Nanay.

Ciudad de los abarrotes chinos, del Mercado de Beln y sus variedades de olores y sabores al iniciar la maana.

Mira un poco el alma de este microcosmos. Camina por su Malecn, escapa de los mosquitos que te quieren hacer la batalla, contempla el ro tranquilo, gnate un momento con el atardecer, absorto.

Mira el Arand, tmate un refresco de camu camu en el Fitzcarraldo, cmete un postre en el Amazon Bistro. Toma el Noa, abre La Parranda y el karo, baja al Camiri, atibrrate con sanguchn en el Chato Burger, bebe en el Musmuqui, descansa un toque en el Nikoro y otra vez vuelve a caminar. Sigue caminando, hasta que encuentres vaciln, y encuentres al Pardo, el Complejo, el electro ritmo.

En ciudad de Explosin, orgullo amaznico, los potos que se mueven y las caderas que no mienten.

Sintoniza El Loretano a las 8 de la noche para ver si tu vecino ha salido en la tele; escuchando a los infaltables locutores- reporteros- profetas que notifican desgracias o prometen bondades por las maanas a travs de las ondas radiales, mientras sigues en tu cama o te preparas el desayuno.

Ciudad del campeonato internacional de fulbito gay y del Adonis, palacio del ADN technicolor.

Ciudad de la Procesin del Nio de la Caja, del Festival de Beln, del da en que los artistas urbanos toman el centro en el Festival Estamos en la Calle. Ciudad ideal para hacer cine, con la luz natural ms alucinante del planeta.

Ciudad del juane y la cebada a un sol (qu rico men). Por all pasa el loquito creyndose Rambo y la putita de sonrisa amplia, enfundada en su malla al cuete, brindando la mejor de sus sonrisas, gratis.

Los nios juegan pis pis, bolitas, arman una canchita improvisada de vley en la zona baja, en Pueblo Libre, tratan de vivir dignamente en Puerto Salaverry, miran de lejos el Club de Caza y Pesca, mientras tratas de conseguir un poquito de plata para tu faria, tu yuquita y tu caldito de carachama.

Ciudad del Club Tennis, y los aspirantes a dueos de la ciudad, sus partidos de tenis y sus chismes insidiosos. Ciudad del edificio abandonado de Essalud, en plena Plaza de Armas, monumento al olvido y set envidiable para armar filmes de terror.

Ciudad donde an se mantiene la costumbre dominical de rendirle honores a la bandera, con desfiles y marcha castrense.

Ciudad de todas las sangres, de colombianos, de brasileos, de espaoles y de gringos. Ciudad de Cementerio judo y Consulado honorario de Reino Unido. Ciudad de hospedajes mochileros, donde lo que ms se percibe es el olor de ala rancia y hierba poderosa.

Ciudad de distritos, Punchana y sus calles largas y silenciosas, Beln y sus recovecos, San Juan y sus amplios terrenos. El centro, con su Yellow Rose of Texas y su bar de Pedrito, con sus vendedores de yuca rellena y sus helados de La Favorita o La Muyuna.

Ciudad de camisetas de la Asociacin Deportiva CNI, que ahora la juventud usar (esperamos que muy poco tiempo) solo como un recuerdo, como un conjuro contra el desaliento, como una estampita de esperanza de mejores, gloriosos. S, s, s, Arriba CNI

Ciudad de los Hungaritos Agustinos y sus chibolos endemoniados, que ganaron la Copa Per en 1985, del Masho Salazar, de Richard Vinatea, de Ricardo Pueyo, de Candelita Rengifo del estadio Max Augustin, donde no existen mallas de seguridad y los partidos de ftbol se definen en la cancha, no en la mente de ciertos barrabravas.

Ciudad de vestigios del caucho, de pasado boyante, de casas lujosas, de oropel y esplendor cauchero. Ciudad de la Casa Eiffel, de azulejos portugueses, de fotos donde la vida de disfrutaba y ahora luchan por no perderse irremediablemente entre el moho, las polillas y el olvido.

Ciudad de influencia indgena, con hombres y mujeres que van y vienen tratando de preservar su identidad, de mostrar su orgullo, sus cosmovisiones, su cultura, en medio de una ciudad que apuesta unos das a la globalizacin, otro da al bailongo, otro da al autismo.

Camina por Prspero, compra chocolates brasileros en Sachachorro, come hamburguesa de paiche en el Aris Burger. Recuerda todos los caminos que se cruzan en La Terminal, todos los pequeos artculos que puedes comprar en el Mercado Artesanal, inspiracin cocama, shipiba, bora o huitoto (nuestras primeras naciones universales).

Ciudad de arte en las calles, de murales de marcianos en Shambo, de pinturas psicodlicas en bares y discotecas, de grafitis en las paredes de las calles, de un gran mural de Bendayn que da la bienvenida en el Aeropuerto.

Ciudad del Frente Patritico de Loreto, que siempre est luchando por los derechos de los loretanos, con o sin razn. Ciudad que an respira patriotismo y an tiene presente aquello de ser guardianes de tres fronteras.

Ciudad de gente que cree que todo tiempo pasado fue mejor. Esto empez hace 148 aos (o quizs mucho antes). Una historia de un pueblo que sigue buscndose, que sigue teniendo un punto de inicio pero an trata de encontrar un punto donde llegar

Ciudad de colegios religiosos, de tradiciones religiosas, de curas que han formado parte del desarrollo intelectual y material. Ciudad del Papa charapa.

Ciudad de bares donde la gente se conoce y se reconoce (entre ellos los de Huerequeque). Ciudad para sentarse frente a un brasero, mientras espera que el pltano ya se haya asado lo suficiente como para preparar el tacacho (y se espera con ansias el pijuayo, el pandisho, el dale dale, el tumbo y la cidra con sal).

Ciudad de cultura pop, inspiracin de un perfume by Alain Delon, cruceros que te llevan hacia Pacaya Samiria, una Biblioteca Amaznica, unos patacones sublimes del Zorrito. Hay quienes quiere comer sushi regional en La Taberna del Cauchero. Hay gente que recuerda chapes locos en El Refugio y seoras que recomiendan con mucho fervor la Iglesia del Divino Nio. Ciudad del recuerdo de un Papa Piraa.

Ciudad recomendada por la CNN o la gua Lonely Planet. Ciudad de una Iglesia Catedral con unos murales alucinante: sube hasta la torre, busca el campanario y empieza a tocar las campanas enloquecido. Ciudad donde Mick Jagger fue flechado por Monique Pardo en una piscina del hotel Holiday Inn.

Ciudad donde ya no se toma masato, pero an se escucha al Do Loreto, Eliseo Retegui o Los Solteritos, nuestros representantes folk; donde la fusin psicodlica nos recuerda acordes de Ya se ha muerto mi abuelo o La danza del petrolero. Ciudad de docentes, de madereros, de artistas y difusores de cultura extraordinarios, esperando su oportunidad para alcanzar la fama. Ciudad de lavanderas ms o menos obvias.

Ciudad de historia reciente, de mitos y leyendas que nos han contado desde chibolos. Los recuerdos de Arana, el capitn Cervantes, Csar Calvo de Araujo, Germn Lequerica, Rosa Panduro, el 24 de octubre de 1998 (Loreto no se vende, Loreto se defiende)

Bienvenido al mestizaje, al rock, a la cumbia, al jazz francs, a las pandilladas, a Suena el Manguar navideo.

(Descansa en paz, querida Alice Vela, querido Silvino Treceo, Maurilio Bernardo y sus gritos espaoles que motivaban a la perfeccin, queridsima Kori Alegra perdindose en el torbellino de la gara)

(Feliz da de San Juan; pasa un Carnaval alucinante, con humisha y pandillada)

Ciudad de ese chifita delicioso que comes en la Plaza 28 de Julio y luego la bajas con una cerveza helada, tomando aire en una mecedora en la vereda de tu casa.

Ciudad de mujeres heronas, fuertes, decididas, lideresas del hogar, guas de los hombres. Mujeres que trabajan duro por el dinero, sin mirar hacia abajo ni cerrar la boca cuando hay injusticias. Mujeres que salvan la casa.

Ciudad que mira al ro, que nos mira desde el ro (si es posible desde el Yellow Rose of Texas, desde Al fro y al fuego o surcando el Nanay y el Itaya), que mira a Quistococha.

Ciudad del dios del amor, segn la cancin de Ral Vsquez. Ciudad de amaneceres explosivos y de cielos infinitos.

Ciudad que va y viene, desde la Avenida la Marina hasta la carretera hacia Nauta, que toma la Participacin y conecta con Moronacocha, que se pierde entre la Tupac y desemboca en la prolongacin Putumayo. Ciudad que ama la noche, especial para darte una vuelta por la Plaza Munich. Casas con techos de calaminas, donde los gatos techeros hacen de las suyas de cuando en vez.

Ciudad de gente que va mirndote desde los omnibuses de madera, tu llevo llevo por quiientos, mientras comen divertidos una bolsa de aguajes.

(La isla bonita. La isla apartada. La isla donde la tecnologa empieza a ceder al letargo y la tranquilidad).

Y, cerca, muy cerca, el Amazonas. Amplio e infinito, una experiencia sobrenatural, donde el agua, la selva, la inmensidad se juntan y producen visiones, como si fuera un vuelo de ayahuasca. Cada persona en este mundo debera navegar por lo menos una vez por el Amazonas, sentir lo absoluto, y recordar por qu este lugar es una maravilla (ahora certificada por voto virtual), sin ruido, sin alarmas, sin paranoia, sin asaltos ni gente destinada a destruir por placer. Silencio y paz.

Conducir lentamente y ver que los mejores lugares de tu ciudad ahora son pasado, que tus calles estn abandonadas, que la suciedad y la inseguridad estn invadindonos, pero an as, luchas.

Ciudad indomable, a pesar de todo lo malo que quieran hacer de ella los polticos, los cnicos, los disparates. rboles, gente increble, que tiene an muchas sonrisas por brindarte, casas enormes con amplios pasillos donde puedes tirarte a dormir, en el suelo, mientras miras el sol con lentes oscuros. Muchas luchas, varias sombras, y es la luz lo que ms importa. Multitudes que se aquietan con la lluvia, que duermen que el rumor del agua cayendo brevemente.

Uno es iquiteo; tiene a Iquitos dentro de sus entraas. Puede viajar, huir, desaparecer, empezar en otro lugar, pero an as seguir siendo un iquiteo. Sin los suyos, sin familia, sin amigos, pero, an as, seguir recordando los mejores tiempos verdes: quin es, de dnde viene, si sabe la suerte de haber nacido en una ciudad como esta.

Una jungla de cemento, s, pero tambin de vida e ilusin. Como mirar las luces desde arriba y recordar que esta tambin puede ser una gran ciudad.

Iquitos. IQT. Mi ciudad.

Foto: Mariano Alvarado Traverso