LOS RODRÍGUEZ: EL PROBLEMA NO ESTÁ PRECISAMENTE EN LOS AGUIRRE.

OS RODRGUEZ. Cuntos? Cinco, pero todas mujeres. Ah, o sea que es "chancletero". S, pues, "chancletero" es don Rodrguez, me dijeron. As lo conoc (Rodrguez el chancletero), as se hicieron conocer todos los miembros de su familia: los Rodrguez. Un da -hace unos cinco meses, ms o menos- toc a la puerta una seorita que vena a efectuar unas cobranzas, creo que por unas frazadas que algn agente vendedor de la empresa en que laboraba haba dejado para ser pagadas en cuotas semanales. Pero la jovencita se equivoc de direccin. Nosotros nos apellidamos lvarez, le dije. Volvi a revisar sus papeles y, efectivamente, comprob su error; la familia que buscaba apareca con el nmero de vivienda 24-B. Ah, los Rodrguez, le dije a la bella jovencita. No, me respondi: tienen otro apellido. Fue una sorpresa escuchar tal cosa. No, seorita -volv a intervenir, terco-: son los Rodrguez. Llam a mi hermana, con la seguridad de que iba a darme la razn. Ella me cont la historia. "Brigitte -comenz el relato-, la hija mayor de los vecinos, me confes un da que ella y sus hermanas queran que el apellido que llevan fuese otro, porque no se sentan bien con l". Pero qu absurdo, dije yo. Quitarse el Rodrguez, por qu, por algn resentimiento, tal vez? "Por vergenza", precis mi hermana. "Pero -aclar- no es Rodrguez, que es el apellido de la madre, una modesta costurera, el que quisieran que desaparezca, sino el del padre, humilde albail". Cmo es la cosa, entonces, pregunt. Lo que pasa es que el apellido del padre es Quispe; y eso es lo que a Brigitte y a sus hermanas Pamela, Carla, Giovanna y Emperatriz, les disgusta y avergenza. Ah -volv a intervenir-, entonces no solo es absurdo lo que ellas quisieran que se hiciese; es, tambin y sobre todo, estpido e indignante. Y repudiable tambin la actitud de los padres que, ocultando el apellido paterno, reforzaron el complejo injustificado de sus hijas. La chica que llam a nuestra puerta se retir y se fue donde los Quispe a cumplir con su cobranza; pero antes nos dijo esta lamentable verdad que carcome la realidad peruana: este no es el primer caso ni es el nico. Efectivamente, yo s de otros en que llegaron a quitarse el Quispe. Tras decirle adis, agregu, medio desalentado pero esforzndome en ser optimista: ojal fuera el ltimo