Las mamacitas y el sexo
Ximena Sierralta*
Cuando una tiene 25 años y está solterísima hablar de sexo es lo más normal y común del mundo. Sin embargo luego de casarse/convivir o después de tener hijos parece que tópicos como las opciones de colegio, las profesoras del nido o el tamaño del auto/departamento empiezan a volverse igual de apasionantes. Yo (y estoy segura que muchísimas mamacitas también) estoy en contra de eso así que perdonarán mi intromisión en un tema tan íntimo pero creo que podemos generar un debate interesante.
Empecemos por el inicio: el embarazo. El primer trimestre del embarazo pasa desapercibido para algunas y por ende no hay mayor impacto en el sexo. Pero para otras es un periodo de malestares, cansancio y sueño que rápidamente disminuye el deseo sexual para sorpresa de la pareja quien a veces no entiende qué está pasando. En mi caso felizmente el inicio del embarazo fue tranquilo por lo que no tengo mucho que reportar.
Durante el segundo trimestre las cosas cambian. Los malestares en su mayoría desaparecen, la barriga aún no pesa tanto, tu cuerpo empieza a redondearse y ponerse bonito y además parece que durante este periodo hay una congestión en los vasos sanguíneos de la pelvis que genera mayor sensibilidad en la zona y en consecuencia una enorme facilidad para llegar al orgasmo. Mi consejo es disfrutar todo lo que se pueda pero sin olvidar los controles pre-natales porque hay algunos casos en los que el sexo está contraindicado.
En el tercer trimestre el sexo empieza a espaciarse (antesala de lo que viene ¡ja!) debido al cansancio, cierta incomodidad al cargar la barrigota y algunos dolores lumbares y pélvicos pero aún se puede mis queridas mamacitas. Es cuestión de tener ganas y encontrar las posiciones adecuadas. Algunas parejas tienen miedo de dañar al bebé pero los ginecólogos dicen que eso no es posible.
Entonces nace la criatura y tanto parteras como ginecólogos (por lo menos en Perú) recomiendan respetar la sagrada cuarentena o puerperio: 40 días sin sexo. Difícil que dentro de esos 40 días se te ocurra tener sexo con el torrente de hormonas, lágrimas, noches mal dormidas, pañales, insatisfacción con un cuerpo que aún no vuelve a su estado pre-embarazo y mil etcéteras. El tema es que al día 41 (tal vez no los cuentes pero seguro tu pareja sí) no te conviertes mágicamente en Kim Basinger en 9 Semanas y Media por lo que muchas parejas se pasan de largo ese hito hasta sentirse más preparados y otras, llevadas por la curiosidad científica como yo, prueban como les va. Mi reporte es que al día 41 una aún no está muy preparada y si esperas performances dignas de medalla al mejor sexo del año, te vas a decepcionar.
Como cereza del pastel tenemos que la lactancia cambia absolutamente el uso que antes le dabas a las tetas y además generalmente disminuye la lubricación (sugerencia: comprar un lubricante y tenerlo a la mano). Imagino que las cosas pueden ser aún más complicadas durante las primeras semanas si el parto ha sido natural y más si fue con episiotomía. Yo tuve cesárea, lo cual fue malo por mil razones pero por lo menos evitó preocuparme por impactos negativos en tan importante área de esparcimiento.
También está el miedo de volver a embarazarse. Dicen que la lactancia es un anticonceptivo natural pero todos conocemos historias de embarazos durante ese periodo así que si no quieres salir embarazada pero quieres mantener la lactancia (mi médico dijo que usar anticonceptivos podría disminuir la producción de leche) lo mejor es usar condón. Pero después de años sin preocuparse por eso, volver a ese hábito cuesta.
En mi opinión el primer año criando a un hijo es bastante complicado para la pareja (hice un post sobre las peleas papá/mamá). Con un hijo todo cambia y la pareja encuentra muy poco tiempo para hacer cosas que antes eran cotidianas como ir al cine, pasear, conversar, tomarse un trago, dormir hasta tarde y claro, tener sexo cuando se les antoje. Con un bebé uno se pelea más, conversa menos, se cansa más y descansa mucho menos.
En todo este proceso es inevitable y entendible que el sexo quede como la vigésima prioridad y que el concepto de noche maravillosa se relacione más con horas de sueño sin interrupción que con sesiones sexuales maratónicas o acrobáticas.
Lo ideal sería que de cuando en cuando (si cuentan con abuelitos comprensivos o amigos que se apiaden de uno) la pareja pueda organizar una nochecita de a dos (con el riesgo de que se queden dormidos a las 11 pm). Pero en el día a día no queda más que conformarse por un tiempo con un esquema más uhm … ¿rápido? ¿eficaz? No sé cómo decirlo. Y es que entre que el miedo a que el bebé se despierte, el cansancio y las mil razones antes mencionadas, va a ser difícil que puedas tener largas y tórridas sesiones de sexo y rock-n-roll.
Es fácil asustarse al ver que con la llegada de un bebé la frecuencia del sexo disminuye. La verdad es que casi todas las parejas tienen menos sexo durante los primeros meses de un bebé y a todas nos cuesta volver al ritmo pre-hijo. Cada pareja sabe cuánto es su tiempo "normal" sin sexo y toca a cada una ver qué hace cuando se supera ese tiempo "normal" (organizar una salida, una cena o abrir un vino). Si pasa mucho de ese tiempo "normal" sin sexo es preferible conversar porque probablemente los dos llegarán a la conclusión que si bien no hay tiempo ni energía, el deseo sigue ahí, y eso es reconfortante.
A pesar de todo lo dicho si uno se compromete en ponerle gracia a este periodo de ajuste a un hijo tampoco la pasas mal. Es más, las cosas se pueden poner más intensas. Hay algo bastante divertido en eso de hacer todo corriendo porque "ahorita se despierta" o en el poder que adquiere un intercambio de miradas ("¡ahora!") para prender todos los motores en menos de 2 segundos cuando aparece una ventana de oportunidad. Por otro lado, saber que tanto tú como tu pareja quisieran tener más y mejor sexo crea en ambos una bonita complicidad que les permite llevar los días de cansancio con buen humor y sobrevivir a este tiempo de ajuste. A mal tiempo, buena cara.
Y cuando no hay sexo, nada impide hacer todo el resto de cosas que son cariño y deseo como los abrazos, los besos largos o dormir abrazados (un ratito hasta que el bebé nos visite).
Pero nuestros cuerpos son sabios y con el tiempo vuelven a cargarse de energía sexual. Si prestas atención, verás que los sueños eróticos vuelven así como la lubricación y el deseo hacia tu pareja, que tu cuerpo empieza a ser el que era antes (en mi caso un poco más gordito pero estamos trabajando en eso) y que la frecuencia y variedad de las sesiones empieza a mejorar. No va a suceder de un día para otro (tampoco sucederá los primeros meses) y probablemente en unas demore más que en otras pero todo vuelve a su cauce.
Seguramente algunas mamacitas me dirán que su vida sexual volvió a la normalidad rapidísimo y que es tan plena y maravillosa como la de Pamela Anderson y Tommy Lee cuando estaban juntos. Qué suerte por ellas.
Para el resto de mortales debo decir que volver a la vida sexual pre-hijo toma tiempo y requiere que ambos pongan de su parte. Una amiga una vez me dijo que el sexo en parejas de muchos años (y se aplica al sexo post hijo) es como ir al gimnasio: da flojera despertarte más temprano, alistarte, pensar en todo lo que vas a sudar, ir hasta allá, etc pero una vez ahí te das cuenta que no sólo es bueno para ti sino que es necesario y te hace sentir muy bien.
*Mamacita residente