La ciudad y los cerdos

En toda sociedad existe una especie particular de seres marginales que se distingue por sus formas de existencia bsicamente parasitarias, y que por tanto carecen de relevancia para el sistema productivo nacional. Vegetan dedicados a una subsistencia precaria, entregados a oficios menores, a veces mezclados con ciertas expresiones de arte urbano muy cercano a la mendicidad. Apelan a ocupaciones que no les representen mayor esfuerzo ni compromiso ni prdida de libertad. Es lo que el propio Marx denomin "lumpenproletariat", escala inferior al de la clase trabajadora, conformada por los miembros de la vida bohemia.

Estos seres lumpenescos no pertenecen a lo que en trminos econmicos suele llamarse "sectores D y E" de la sociedad. Por el contrario, la gran mayora proviene de sectores sociales econmicamente pudientes, incluso pertenecen a prestigiosas universidades adonde acuden solo para extender su vida bohemia, malgastar el dinero de su papi, desarrollar vnculos y terminar finalmente en el fracaso acadmico, luego de una larga serie de traslados en un forzado peregrinaje por distintas universidades y carreras que nunca acabarn. Muchos de ellos se dedican a un activismo poltico como extensin de sus delirios romanticistas.

El lumpen que estamos describiendo suele tener ideas polticas elementales pero radicales. Desde luego son crticos del sistema, pues esta es la primera etapa de todo pensamiento social. Cualquier idiota es capaz de crticar su sociedad. Pero de all a proponer soluciones concretas y realistas a problemas identificados dista algunos milenios de evolucin. La mayora de propuestas que defienden estos sectores marginales de vida parasitaria y pensamiento elemental apunta a visiones romnticas e idealistas de la vida, que se sintetizan en frases-consigna o etiquetas lricas y subyugantes pero carentes de contenido pragmtico.

No basta pues apoyar el destino quimrico de la "justicia social" para ser un revolucionario, como suelen hacer los izquierdistas de cafetn y folletn, los snobs, los chicos bien que sienten que su sensibilidad social los arrastra hacia la izquierda, que su romanticismo se exalta con cada cancin de la nueva trova y con cada poema por la vida y la paz, que su sueo infantil de ser un superhroe y luchar por la justicia se hace realidad. Muchos jvenes no pasan de esta mentalidad de reinas de belleza para sostener su idealismo de izquierdas. Pero adems de su estupidez natural, estos jvenes cuentan con el ingrediente de su energa, descontento con irresponsabilidad y libertinaje.

No hay mejor vlvula de escape para canalizar la insatisfaccin social de estos jvenes que las marchas convocadas por la izquierda. Es el momento en que se juntan todos los delirantes de la ciudad, desde los consabidos violentistas, los que creen firmemente que la violencia es el camino para alcanzar cambios histricos, y que por tanto han hecho de la violencia su mtodo y praxis poltica, junto a los romnticos idealistas, los jvenes ilusos, descontentos y dems escoria parsita de la sociedad, es decir, el lumpen. Un lumpen que carece de "conciencia de clase" y que al igual que todos los jvenes, solo quiere divertirse, solo que jugando al superhroe social.

El resultado de estas amplias convocatorias de izquierda, donde se juntan toda clase de lunticos delirantes y soadores con un mundo perfecto de igualdad y justicia, desde la CGTP hasta los ambientalistas, suele ser una especie de manicomio social donde no faltan los desmanes ms irracionales, como atentar contra el monumento al Libertador justo en el mes de la patria y dejar media ciudad pintarrajeada con frases variadas pero de las ms patticas. Estas marchas son el espacio ideal para tambin que los trols de la web salgan de sus escondrijos suburbanos y expresen sus consignas con spray en cuanta pared encuentran a su paso, sin importar si es un monumento nacional. El cerebro no les da para tanto.

Definitivamente es una mala idea que la poltica se haga en las calles. Eso es solo salvajismo. Las marchas no son ms que patticas expresiones de prepotencia de parte de sectores marginales de la sociedad, maneras anacrnicas y desesperadas de demostrar vigencia y poder, especialmente apropiados para minsculos grupetes semi clandestinos como la CGTP, Tierra y Libertad, Fuerza Social, Patria Roja y cualquiera de las docenas de colonias de coliformes fecales de la izquierda nacional, carentes de toda representatividad social, y que no hallan mejor modo de darse a conocer que saliendo a las calles a imponer tratar de sus ideas y caprichos mediante el grito de consignas con el puo en alto, los garrotes en ristre y el pintarajeado de eslogans estpidos en las paredes de la ciudad. Todo un ejemplo cvico.

La poltica y la democracia deberan madurar ya y proscribir definitivamente estas expresiones callejeras de minoras desesperadas y violentistas que son formas irracionales, incivilizadas y cavernarias de manifestarse, y que adems le abren el paso a toda clase de escoria repulsiva, como la que hemos visto. Deberan desaparecer estas marchas porque al final nadie se hace responsable de las consecuencias nefastas que se producen, incluyendo muertes. Solo falta que estos irracionales culpen al gobierno de las pintas. Los convocantes siempre se lavan las manos y todos terminamos como vctimas del vandalismo tpico de la izquierda cavernaria. En todo caso los convocantes deberan ser responsables legales de todo lo que ocurra, asumiendo la reparacin de los daos. Es lo mnimo que se puede exigir.