La resistencia al cambio y la dificultad de imaginar el futuro
Dos grandes grupos de empresarios y trabajadores enfrentan, en Lima, importantes retos de cambio: los del sector de transporte público y los dedicados a la comercialización de tubérculos, verduras y hortalizas nucleados en el Mercado Mayorista Nº1 de La Parada.
Estos retos de cambio no aparecieron este año, por el contrario, en ambos casos están en agenda por lo menos hace una década. Sí, no nos damos cuenta, pero ya son demasiados años. Años en los que estos empresarios y trabajadores no han trabajado en función al cambio y, más bien, se las han agenciado para inculcar miedo y acobardar a las autoridades.
Amenazan con armar el desmadre en Lima. Son muchos y parecen “machos” encabritados. Hombres aguerridos que le podrían hacer daño a cualquier policía o sereno. Con poder económico suficiente para armar triquiñuelas legales en el Poder Judicial. “Vamos a armar la pampa en Lima” parecen vociferar mientras hacen sonar sus tambores de guerra.
Efectivamente son muchos pero más que “machos encabritados” son personas con mucho miedo frente al futuro. En la práctica, la modernización -de las actividades de transporte público y del comercio mayorista de alimentos en Lima- implica que un número importante de hombres y mujeres se despidan de sus pequeños (medianos y en algunos casos grandes) negocios y de sus empleos.
La angustia que mueve a la mayoría es real ¿Qué harán después? ¿Cómo se reengancharán en el futuro? ¿Cómo mantendrán sus hogares? ¿Cómo pagarán sus cuentas, sus deudas? Para algunos no habrá nunca más chamba en eso que aprendieron a hacer: escaseará como oficio de los cobradores de combi, ya no habrá lugar en Lima que requiera el trabajo de estibadores con cargas de cien kilos ni transportistas manuales que en sus carretillas llevan más de quinientos. Para otros, continuar vinculados al negocio y al empleo demandará formalización y un cambio “enorme” en la manera de hacer las cosas.
Cambios. Los peruanos no estamos acostumbrados a ver los cambios de manera positiva y optimista. Aún nos aterran a pesar de que son inevitables. Tampoco estamos acostumbrados a negociar en función al cambio. Los dirigentes por lo general buscan, más bien, el escenario de la “no negociación”, el “cierra puertas” a la posibilidad de entendimiento, (a veces, mientras ellos mismos se acomodan).
Suena a Conga, a Espinar, al conflicto de la pesca en el norte. Pero es Lima. Vamos a vivir un tira y afloja de manifestaciones, movilizaciones y paros. No sé si estos conflictos estarán registrados en las estadísticas de la Defensoría. Pero se vienen con todo y demandarán soluciones inteligentes.
¿Podrá la Municipalidad de Lima afrontar sola estos conflictos? ¿Tienen todas las herramientas legales, financieras y políticas para reaccionar con la velocidad y oportunidad que ambos casos necesitan? Yo creo que no. Creo que más bien el municipio está (como todo el Estado) amarrado de pies y manos para dotar de respuestas rápidas y efectivas a transportistas, comerciantes y trabajadores.
Creo que todos debemos ayudar. Ciudadanos, intelectuales, medios de comunicación y sobre todo el Estado. El gobierno central debe poner parte de sus programas de reconversión laboral y fondos del FONDOEMPLEO a disposición del municipio. El Congreso y los regidores, deben de generar las normas que permitan atender con celeridad todos los requerimientos para llevar este cambio en paz.
¿Debe el MEF dotar de fondos adicionales que permitan adecuadas compensaciones económicas a los trabajadores y empresarios que afrontarán este cambio? ¿Corresponde a la ciudad compensar económicamente a quienes se hicieron cargo de solucionarnos nuestros problemas de transporte por dos décadas?¿Sería una solución que se a los estibadores y transportistas manuales como si hayan sido trabajadores de la empresa que administra el mercado? ¿Debe dárseles una compensación económica por despido? ¿Debe hacerse eso aun cuando ellos son en realidad autoempleados?
La cosa no es fácil y se torna más difícil con las pocas y pobres herramientas con las que cuenta el Municipio de Lima. Y más difícil cuando las agrupaciones políticas andan viendo que tajada sacan de este conflicto y como debilitan a la actual administración municipal. Y aún más difícil cuando un grupo importante de los medios de comunicación no quiere poner el hombro porque aún les friega que hayan ganado Villarán y Humala.
Perdemos la perspectiva de la importancia de las cosas. Aquí está en juego la vida de Lima y los limeños; este podría ser un ejemplo de un proceso de solución armónica de dos conflictos enormes; aquí, además, estamos hablando también de la formalización de actividades de miles de personas.
Estos procesos fundamentales y fundacionales en el proceso del país. Concluida la reforma de transporte en Lima nuestra calidad de vida va a mejorar enormemente y será el inicio de un proceso imparable que debe llevarse a cabo también en por lo menos diez capitales departamentales. Lo mismo la inauguración del Gran Mercado Mayorista de Lima; este implicará cambios sustantivos para bien no solo de la comercialización de alimentos sino, por seguro, de la manera como el campo se relaciona con la ciudad.
Hay mucho en juego pero pocos actores comprometidos. La alcaldesa Susana Villarán haría bien en abrir la cancha e integrarnos a todos porque todos vamos a disfrutar de los cambios.