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La marcha gay en Lima, en junio pasado. foto reuters.

El Perú entre los países hostiles a la homosexualidad

Publicado: 2013-08-05

Por Jorge Bruce, psicoanalista peruano.La República(Perú). Escribo esta nota desde Praga, en la República Checa, donde me encuentro con ocasión del congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional, más conocida por sus siglas en inglés (IPA). El tema general del congreso es el que da título a esta nota. Es decir, el dolor psíquico en sus múltiples facetas. He sido elegido mediante votación como uno de los siete representantes latinoamericanos en el directorio de esta organización, que cuenta con más de doce mil integrantes en más de sesenta países. Comoquiera que este es un diario dirigido al público en su sentido más vasto y democrático, me voy a referir a una modalidad de dolor con la que me he cruzado casi por casualidad (aunque con el inconsciente nunca se sabe). Me refiero al dolor causado por prejuicios, actitudes y legislaciones homofóbicas en nuestro país.

La guía gay internacional Spartacus publica cada año un ranking de países, en relaciones a una serie de indicadores vinculados a la homofobia. Esto va desde los aspectos positivos como legislación antidiscriminación, hasta los más negativos como persecución, leyes anti gays e incluso pena de muerte. En total son 14 indicadores que permiten evaluar la ubicación del país en cuestión, en relación a los homosexuales. Así, los países más hostiles a la homosexualidad son Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Rusia. Los menos homofóbicos son Suecia, Bélgica y Francia. Hasta ahí, nada muy sorprendente. El lector se preguntará en qué lugar queda el Perú, tal como me lo preguntaba yo mientras consultaba los datos. Malas noticias: de los 138 países evaluados estamos en el lugar 113. El peor de Latinoamérica.

Habrá a quienes esto les parezca irrelevante (lo cual explica, dicho sea de paso, por qué ocupamos ese puesto en la lista). No obstante, si se reflexiona con un poco de cuidado, se advierte que no se trata de ser políticamente correcto (o abyecto). El sufrimiento que esas actitudes dominantes en nuestra sociedad causan a mucha gente es un síntoma, otro más, de las enormes dificultades que arrastramos para respetar los derechos de los demás, por un lado, y para darnos cuenta del dolor que nuestra indiferencia (una forma solapada de homofobia) hace vivir a diario a miles de personas. Un dolor que no solo carece de sentido –hay dolores tan inevitables como necesarios– sino que es profundamente injusto. En mi práctica clínica de psicoanalista he visto, felizmente, cómo los padres de pacientes gays, en la inmensa mayoría de los casos, terminan venciendo sus prejuicios gracias a los vínculos amorosos.

La discriminación homofóbica, como la racista o la sexista, provienen de una tremenda inseguridad respecto de la propia identidad. Eso es lo que el ranking de Spartacus nos ayuda a pensar. El día que nos sintamos más cómodos con quienes somos, cuando ya no precisemos denigrar a otros para sentirnos personas más valiosas, comprenderemos que podemos dejar de producir dolor para nuestro “beneficio”. Hasta ese día, tendremos que seguir intentando escuchar la homofobia, a fin de analizarla y curarla.


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