"Filosenderista"

Publicado: 2009-08-05

Trataré de decirlo, despacito, pausado, para que se me entienda. Carlos Tapia, quien, para más señas, adhiere al nacionalismo de Ollanta Humala, fue alguien que, en los tiempos del terror, cuando los autos estallaban con centenares de kilos de anfo encima, y los muertos se multiplicaban en el contómetro del hijodeputa de Abimael Guzmán, se enfrentó a cara descubierta al horror senderista, a su política de exterminio y a sus ideas ensangrentadas. Lo hizo sin ambiguedades. Con cojones. So riesgo de que lo hicieran volar en pedacitos, como a María Elena Moyano, a quien mataron por hacer lo mismo que hacía Carlos Tapia en los días de la guerra interna: desafiar a Sendero Luminoso. Por eso es que me cabrea cuando leo algunos bodrios infumables acusarle de "filosenderista". O "proterruco", como también le achacan algunos neogallitos, a los que cuando las papas quemaban de verdad se les hacía gaseosa el culito.

Es precio de este oficio decir la verdad, o, en su defecto, tender hacia la objetividad. Y yo podré tener ahora muchas canas en la barba y algunos fantasmas de Canterville en la memoria, y muchísimas discrepancias con Tapia, pero que no me vengan con mentiras adornadas con tatuaje carcelario. Las cosas como son. Las diferencias con Carlos Tapia, sean ideológicas, políticas, o de cualquier índole, que se zanjen discutiendo, en el papel o en la tribuna política, por apoyar a un candidato impresentable o por lo que sea, pero no retornemos al lenguaje montesinista: ése que distorsionó el rol de los medios de comunicación y los convirtió en instrumento abyecto de difamación y de vileza.