La azarosa vida

Publicado: 2010-05-14

A veces es difícil escribir un post, minúsculo o marginal, sencillo o profundo. Me es más complicado aún cuando de analizar la política se trata aunque sean de los más celebrados por mis lectores.

Pero la política como algunos ámbitos ásperos del trayecto es pasión y vinagre. Apasiona pero avinagra. Por eso y aunque suelen ser menos populares y menos comentados (salvo algunas almas amables y sensibles), tenía en mente centrar los posts en temas más humanos, más históricos y fundamentales, tal como han sido tantos de los razonamientos y filosofadas de café que he balbuceado a lo largo de este blog, con video incluido.

La otra opción es abandonar la marcha y dedicarme al libro que estoy escribiendo y a las tareas diversas que me acogotan y me filetean como a un simple mortal. Un reto nuevo es el blog que estamos construyendo en lamula.pe para apoyar la candidatura de un equipo de jóvenes y notables para la alcaldía de San Isidro, que ya verán (en eso debo darme a matar).

Son dudas del camino, apenas eso. No obstante, si una actividad mantuvo el insomnio tenaz de este blogger fueron estos posts, trazados con sangre y ázucar, entre apasionados y dulces, a veces amargos y, cuando no, prescindibles o esenciales.

Quizás me anime y torne a la pluma (que en estos tiempos no es tal sino un poco romántico teclado) y tal vez reincida en el blog y que éste adquiera la fuerza de su impulso y origen. Quizás vuelva mañana sábado o el domingo o el lunes o el próximo mes porque el bichito pica todos los días y no me le suelo resistir.

No sé. Asumí el blog como una queja (ya les dije, cuando gané el premio de Ensayo y quise darle difusión por esta página, ya que nadie me la dio-ver primer post). Iba a ser un solo post y adiós, como una catarsis o una proclama fugaz, pero me fui quedando y me quedé al fin.

El costo fue el sueño cortado de las madrugadas, la enemistad de unos, el morbo de otros, el ninguneo de en quienes más o en quienes menos creía (algunos en un par de diarios saben) y, lo mejor, el cariño de unos pocos amables lectores que me dieron el sello de su propia distinción. Y hay quienes me siguieron al día, casi como una disciplina, y para ellos fue delineado y surtido este blog, que es también suyo.

Eso sí, no se vaya a molestar si lo hice llorar con este, quizás mi último drama, pues quizás mañana vuelva y la historia, como suele ocurrir, siga su curso y su sino.