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Hemingway 50 años después

Publicado: 2011-06-30

El 2 de julio de 1961, el escritor norteamericano Ernest Hemingway , pasó de la ficción a la realidad. Fue precisamente este día que el autor de “El viejo y el mar”, descargó su escopeta, pero no para dedicarse a una de sus actividades que lo apasionaban -la caza- sino para pegarse un tiro en la boca, silenciando una de las figuras más importantes de la literatura del siglo XX.  El escritor, aficionado por recorrer el mundo, realizó un viaje definitivo sin retorno, abandonando otros de los espacios que amaba: su vida en La Habana, lugar elegido por Hemingway por más de 20 años (1938-1961).  Cuba fue cómplice del proceso creativo del autor, que se autodefinió como cubano, pese a ser estadounidense de nacimiento (1899). Fue amigo de  Fidel Castro. Hemingway dijo "sentirse feliz por ser el primer cubano en recibir el Premio Nobel", en 1954, durante una entrevista al recibir la noticia de su galardón. Para mediados del siglo XX, obras como, Fiesta (1926), Adiós a las armas (1929), Por quién doblan las campanas (1940) y El viejo y el mar (1952)  eran ya reconocidas en la literatura universal.

Como lo señala Gabriel García Márquez, Hemingway fue junto a William Faulkner, uno de sus maestros e influencia en sus producciones. Una de las citas que siempre se destacan son las frases y reflexiones de Hemingway acerca del proceso creativo entre una novela y cuento: "La novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock out". "El hombre puede ser destruido, pero jamás derrotado", es una frase del escritor que se recuerda a menudo.  Su obra es un testimonio recurrente de temas universales como la guerra, la injusticia, la soledad y el paso de la muerte. La guerra fue un tema repetitivo en su obra. En algunos momentos sus textos de ficción sobre este tema tienen visos de crónica periodística. En realidad, Hemingway fue periodista en varias etapas de su vida y vivenció, bajo diversas circunstancias, la I Guerra Mundial (1914-1918) y la Guerra Civil Española (1936-1939). Adiós a las armas y Por quién doblan las campanas, son novelas de ficción, pero también se convierten en memorias del autor, en su experiencia personal en estos conflictos. (El Universo)


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