prefiere pisco peruano

¿Quién vencerá: Humalismo o Consorcio Camisea?

Publicado: 2011-09-01

Discurso de verbo inflamado en plazas públicas, por el Ollanta Humala, opositor y candidato. Lavada de bandera liderada  por Manuel Dammert, cuando era combatiente de trinchera ante la política gasífera del gobierno de Alan García. Artículos flamígeros de Humberto Campodónico, Aurelio Ochoa y Carlos Herrera, cuando estaban en las antípodas de lo que hicieron los dos titulares de la cartera de energía del régimen anterior  y todo ello direccionado a la exportación del gas de Camisea, también conocido como del Lote 88. Hoy todos forman parte del poder y es la oportunidad de demostrar que no son solo verbo sino sustantivo, como en la canción de Ricardo Arjona.

Dos eran los cuestionamientos: garantizar el suministro para el mercado interno antes que la exportación y el vil precio para las locaciones que tienen la cotización norteamericana como referencia. Al mes de ejercicio gubernamental, nos quedan de las declaraciones de las hoy autoridades y antes tenaces opositores, solo la frase: “el gas del Lote 88 para los peruano”, del precio, mutis.

Mi impresión y crítica desde el primer día ha sido, la garantía de gas para nuestros conciudadanos, no debería significar mayor esfuerzo, pues la legislación es clara y contundente y me extraña que ya no se trate el tema del precio. Sin embargo grande ha sido mi sorpresa cuando pasan los días y ni siquiera la seguridad del suministro está consentida.

El hoy Ministro Carlos Herrera, ha manifestado en una entrevista en uno de los diarios oficiosos, que si el Consorcio Camisea, es decir el grupo de empresas que explotan el gas de dichos yacimientos, no cede, la posición del gobierno será inamistosa. A ello se suman los trascendidos en las columnas de rumores políticos- sin lugar a dudas proporcionados desde la Casa de Pizarro o alguna dependencia ministerial- sobre la dilación del tiempo para sentarse a negociar del conglomerado empresarial y se lanza el mensaje que el Ejecutivo vía Decreto Supremo limitaría la exportación. Es decir no se ha avanzado nada y la pregunta es: ¿qué sigue en este culebrón?

La interrogante la contestaría con un rotundo: pronóstico reservado, desenlace inimaginado. Me explico: voluntad gubernamental de cambiar el orden de las cosas debería haber-aunque en política nunca se sabe- pero las posibilidades de ganar el pulseo es baja.

El análisis de lo que podría ocurrir nos lleva a dos motivos: el primero que el gobierno anda preocupado en que la comunidad empresarial nacional e internacional, le tenga confianza y por más que el tema es un acto de justicia, los titulares de la prensa no se volcarían a favor de la medida, salvo dos a tres medios; que representan la minoría en lectoría y audiencia. Una cuantas primeras planas que hagan ver al Humalismo como invasivo y supuestamente arbitrario con el capital, le llevará a pique todo este esfuerzo de tolerancia y conversión casi religiosa. En este punto, presumo a un Premier y al Ministro de Economía, contándole al comandante en el oído, el mundo después del apocalipsis. La segunda razón es lo complicado que están la economía y las finanzas en el mundo, por la segunda ola recesiva y los problemas del sector financiero. Si la noticia internacional es que aquí rompemos los acuerdos, lo cual tampoco sería cierto, pero a eso van a apostar los del otro lado del mostrador, se produciría una huída en estampida de los inversores.

Con este escabroso cuadro, la única manera de imponer condiciones, sería con un manejo de filigrana fina para explicar al Perú y al mundo, que estamos ante una medida ajustada a ley y de beneficio del país. Lamentablemente la comunicación es uno de los punto débiles del gobierno y no se otea en el horizonte aquel pueda tener credibilidad en la prédica acá y en: Manhattan, Londres, París y Madrid.

Si la sensatez se impone, mejor dicho la conciencia de las limitaciones y la agorafobia, el cambio vociferado por cerca de seis años, no ocurrirá, en todo caso se llegará a una versión pasteurizada, descafeinada, sin lactosa, descremada y con endulzante, es decir pócima para los que practican la cultura “sbelt”.


Escrito por

César Gutiérrez

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