los #hermanitos se reacomodan

"Nos atacan"

Publicado: 2011-10-23

Eduardo Regal, Superior General del SCV

Tomado de Perú21.- Columna El ojo de Mordor, de Pedro Salinas.- A ver. Para que les quede claro. Y no dramaticen. Ni vengan con amenazas de juicios que no amedrentan. Ni con frasecitas plañideras y huachafosas, como esa del director de ACI Prensa, Alejandro Bermúdez: “Pedro Salinas ha tratado de convertir el ataque a mi comunidad (el Sodalicio) en una profesión”. Y así.

Les cuento. Hace diez años escribí una novelita, titulada Mateo Diez, que metaforizaba en clave de ficción mi paso por el Sodalitium Christianae Vitae, movimiento religioso fundado por Luis Fernando Figari. No tenía pretensiones literarias. De hecho, es un libro mal escrito, cosa que puedo reconocer sin estresarme. Solamente aspiraba a vengar en la fábula un cúmulo de maltratos psicológicos y vejaciones y sometimientos y absurdos que viví durante mi tránsito por dicha institución. Nada más. Fue un exorcismo personal. Punto. Y cumplió con su objetivo, debo añadir. Los últimos cables que tenía conectados a la cabeza, en plan Matrix, fueron destruidos para siempre en ese combate que significó recrear en el territorio de la fantasía aquel período de mi historia personal, en el que mi libertad fue puesta en paréntesis y me dejé atrapar por dogmas que silenciaron mi propia voz interior. Me ayudó a desformatearme, o sea. Y el asunto, para mí, quedó zanjado con su publicación.

Pero claro. Al epíteto de “traidor”, que me endilgaron cuando decidí largarme, le sumaron el de “enemigo”, porque osé narrar algunas de sus interioridades. En fin. Era previsible. Porque si algo caracteriza a los sodálites es el ánimo de sentirse “perseguidos”, “atacados”, “difamados”, y esas cosas. En el Sodalitium no existe lugar para la crítica, ni para las opiniones distintas. Solamente cabe el pensamiento único. Es así.

Como sea. En las últimas dos décadas no les he dedicado mayor atención, salvo las de algunas menciones sueltas y cachacientas, que no llegan ni a diez.

Hasta diciembre del año pasado, claro. Y sin buscarlo este escriba, que conste. Ocurrió entonces que me enteré de la existencia de un puñado de miembros de la organización que, habiendo descubierto y documentado la doble vida del ex vicario del SCV, Germán Doig, querían, en un gesto de transparencia, que se comunicara a la comunidad las razones por las que no se iba a continuar el proceso de beatificación del sodálite con trato de santo. Lo que encontraron fue hermetismo y secretismo por parte de la cúpula, que quería dejar la cuestión en que, Doig “no alcanzó las virtudes heroicas”, y yastá. Y a otra cosa, mariposa.

Y bueno. Figúrense. Lo que para ellos era quizás un dato privado, una información de escaso interés público, o qué sé yo, no fue considerado así por Diario16 y Caretas, que fueron los medios que llevaron al Sodalitium a reconocer la verdad. Y más tarde, como un efecto dominó, se filtró otra denuncia sobre abusos sexuales en esa organización, esta vez señalando a su fundador.

En el camino, que es a lo que iba, fui haciendo preguntas. Aquí y allá. Y me fui encontrando con más de una sorpresa, de esas que te dejan perplejo. O te indignan, que también. Y decidí hacer una investigación en toda regla, con la colaboración de la periodista Paola Ugaz. No somos los únicos que nos hemos interesado en la historia, déjenme decirles. Pero ahí estamos. Preguntando. Escuchando. Es eso. No otra cosa.

Post Scriptum: Mi más sentido pésame a la familia Zileri por el repentino fallecimiento de Daphne Dougall.


Escrito por

Pedro Salinas

Escribe habitualmente los domingos en La República. En Twitter se hace llamar @chapatucombi. Y no le gustan los chanchos que vuelan.


Publicado en

La voz a ti debida

Un blog de Pedro Salinas.