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El camino hacia la santidad

Publicado: 2011-10-28

La cantidad de gente que despidió a Ciro Castillo Rojo primero en Arequipa y luego en Lima, fue simplemente impresionante. Hoy viernes, día del entierro el tumulto  competía con la muchedumbre que acompañaba al Señor de los Milagros en su último recorrido del año, sólo que ésta no era transmitida en televisión, porque no da rating.

Entre las cientos de fotos que portaba la gente a modo de pancartas,  llamó la atención una en la  el muchacho aparecía con alas de ángel y una aureola sobre su cabeza (¿?). Aunque parezca absurdo,  muchos lo llaman el ángel de Arequipa y, no nos sorprendería que de aquí a un tiempo haya quienes vayan a su tumba a rezarle y pedirle milagros.

¿Qué está pasando? Si bien es muy triste que Ciro haya muerto en el Colca, después de haberse perdido con Rosario Ponce, sin tomar las debidas precauciones ¿existe algún motivo para hacerle homenajes y considerarlo casi un santo? ¡No pues!

Pero el féretro de Ciro fue llevado de aquí para allá. Antes de trasladarlo al cementerio, donde finalmente (esperemos), su cuerpo descasará en paz, hubo una suerte de procesión en la Universidad Agraria en la Molina, banda música, discursos, lágrimas, todo transmitido, por supuesto, en vivo y en directo por TV (Frecuencia Latina cambió toda su programación para mostrar paso a paso el último adiós a Ciro).

La primera idea que a cualquier persona pensante se la viene a la cabeza es que se trata de una cortina de humo, sobre todo porque los medios de comunicación se prestaron durante casi siete meses a hacer una suerte de reality show del caso, pero ni siquiera eso justifica la alucinante reacción de los miles de peruanos telenoveleros que asistieron al velorio o al entierro de este chico sin haberlo conocido.

¿Qué es lo que sucede con el pueblo peruano para que lo haya convertido en un héroe? Es una pregunta que sólo los sicólogos podrían responder. Algunas semanas antes otro desafortunado hecho también acaparó la atención de todos: Walter Oyarce, un hincha de Alianza Lima cayó de uno de los palcos del Estadio Monumental de Universitario de Deportes, después de que aparentemente fuera arrojado de allí por obnubilados barristas de la U.

Oyarce también fue convertido en mártir de La Molina por Juan Carlos Zureck, alcalde de este distrito, quien ha prometido levantar un monumento en su memoria, en el límite de Ate y La Molina para sensibilizar a los aficionados que se dirijan a ese recinto deportivo sobre los efectos negativos de la violencia en el fútbol.

No suena bien y probablemente, no es políticamente correcto decir que todo esto no tiene ninguna lógica, y que caerse trágicamente de algún lado, no es ningún mérito. En todo caso, los verdaderos héroes en la historia de Ciro Castillo Rojo son los rescatistas de la empresa soluciones verticales (no los topos mexicanos), pero sus nombres nadie los conoce. Apenas sabemos que los primeros en divisar el cuerpo del estudiante fueron Eloy Cacya y Cristian Tataje, pero a ellos, que arriesgaron su vida para dedicarse a la búsqueda, a ellos, que no se la pasaron de programa en programa promocionándose, nadie les ha hecho un homenaje. Si hubieran muerto, tal vez.

Moraleja: En el Perú para ser héroe hay que morirse.

P.D.: Por si acaso seis comuneros desaparecieron hace casi 20 meses en Recuay cuando en caballos y mulas, fueron en busca de ladrones que les habían robado ganado.

Los familiares de los campesinos vinieron hasta Lima en marcha de sacrificio a Lima a pedir que alguien los busque y les prometieron reiniciar la búsqueda, después de haberla dado por concluida.

Ellos, al igual que el padre de Ciro nunca se rindieron, y recientemente  descubrieron por si solos varias monturas de caballo y algunas ropas de los desaparecidos.

Sus nombres, por si les interesa, por ejemplo a los topos mexicanos o a algún programa de televisión, son: Silverio Corpus Yanac (53), Rubén Guerrero Toledo (42), Merardo Teófilo Huamán Quiroz (25), Santiago Mendoza Vino (33), Efraín Gregorio Quiroz Zúñiga (26) y Óscar Inocente Corpus, de 22 años de edad.


Escrito por

Patricia Salinas

Soy periodista por vocación y por convicción y, a pesar de que he tenido la suerte de incursionar en todos formatos de esta carrera (prensa, televisión, radio e internet), debo confesar que soy reacia a los avances tecnológicos. Fui la última en permitir que l


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