defiende el enfoque de género

Arte sin ciencia o ciencia con arte: una mirada al universo del chamanismo

Por Ricardo León (@erreleon).

1.

Y por eso los brujos, los grandes shirimpiaré, para ejercer a plenitud los poderes del aire, para desarrollar al máximo su potencia de mirar, usan espíritus de niño, ánimas como familias nuevecitas ocupando las moradas de su cuerpo, los caseríos ruinosos… (“Las tres mitades de Ino Moxo”, César Calvo).

También las ciencias ocultas se guían por categorías, rangos: hay poderes y poderes. Un chamán, o aquel que pueda jactarse de llevar ese nombre, no se deja ver. Es decir, no se deja ver a menos que él quiera, a menos que lo permita. Es un ser, por naturaleza, huraño y silencioso. La explicación es simple; un hombre o mujer que trabaja con la mente, que a través de su mente cuida a otros –sus pacientes- no puede darse el lujo de contaminarse. Su lucha es otra y tiene episodios que ni siquiera se podrán explicar: “El demonio es un pobre animal”, dijo alguna vez Santos Vera, un respetado chamán norteño. Son palabras mayores. El código 'shirimpiaré' así lo indica.

Y está siempre el otro extremo. Están los charlatanes (nótese el nombre: la categoría es otra) que imprimen tarjetas personales y pósters y alquilan oficinas adornadas con calaveras e inciensos y pregonan una sapiencia que se reduce a 50 soles la sesión. Los mismos que llaman a las cámaras de televisión cuando arman sus mesas a las afueras del estadio y soplan brebajes en la camiseta del rival de turno. Los mismos que al principio de cada año sorprenden a los incautos con predicciones que no van más allá del lugar común. Sí, esos. Ellos representan el ala comercial del curanderismo. Peor aún: devalúan el oficio.

Entre los chamanes y los charlatanes (la rima es casual y la diferencia es abismal) se ubican los curanderos, una especie que se retroalimenta de esa inmensa capacidad que posee el ser humano de creer en aquello que no ve. En 1989, en un encuentro organizado para hablar de curanderismo y magia y ritos populares, Gabriel García Márquez dijo: “Casi todos los latinoamericanos están hechizados o son objeto de hechicerías”. En el imaginario popular la superstición es ley.

2.

El psiquiatra Max Silva Tuesta estudió hace varios años el fenómeno de la magia institucionalizada en Lima y, a modo de trabajo de campo, se hizo pasar como cliente de 40 curanderos. Alguna vez, años después, contó que en la casa de una bruja en Pueblo Libre había una lista de las personalidades que habían acudido a 'limpiarse', y que en esta se podía leer los nombres de Víctor Raúl Haya de la Torre y del que fuera cardenal Juan Landázuri. Uno representaba al poder político y el otro al poder religioso. Para la bruja no era otra cosa que márketing: el secreto profesional en este terreno es algo relativo.

Pero lo interesante es saber cómo funciona esto del curanderismo. El historiador y antropólogo Luis Millones, en un soberbio estudio titulado “Performance y bienestar: la medicina tradicional peruana”, analiza el universo del curanderismo desde varios ángulos, incluyendo el estilo de vida clásico-cotidiano del curandero promedio.

Tampoco el curandero está pendiente de la condición social o cultural de su cliente. De hecho, ninguno de los maestros vive exclusivamente de lo que ellos llaman su “arte”, es casi siempre una actividad al costado de su profesión habitual. Curar no tiene rentabilidad fija, ya que sus honorarios suelen ajustarse a la economía de sus pacientes, y no es raro que su saber lo ejerzan gratuitamente, si quien acude a su sesión carece de medios...

Millones explica también la dinámica del aprendizaje de un ‘arte’ que se yergue desde lo empírico. Si los sacerdotes se entregaron a la religión a partir de un ‘llamado divino’, en el curanderismo el camino es similar y el curandero, por lo tanto, no nace, sino se hace. Escribe Millones:

No es fácil ser curandero. Como en otras culturas, son contadas las formas tradicionales para alcanzar ese nivel de sabiduría. Se empieza cuando se descubre al candidato, pudo ser alguien que deslumbrado por el arte (así califican los maestros a su conocimiento) busca un tutor, generalmente ya reconocido en el medio, y se coloca bajo su protección. En la mayoría de casos, es el curandero quien elige entre sus ayudantes (en muchos casos se trata de parientes cercanos) a quien o quienes pueden seguirle los pasos. Pero también puede ser designación divina, alguien tocado por el universo sobrenatural asume la condición de curandero, en muchos casos sin un largo entrenamiento…

3.

…momentos en que el señor Augusto TORRES RUCOBA le decía "TÚ ERES EL BRUJO, QUE CASI HAS MATADO A MI HERMANO Y MUCHOS NIÑOS DE LA COMUNIDAD Y HOY VAS A PAGAR TODO", a lo que el señor Mariano le decía "NO ME MATES, MEJOR LLÉVAME A LA POLICÍA A ARREGLAR MIS PROBLEMAS", y Augusto le decía "NO, AQUÍ LLEGÓ TU FINAL, TU DESTINO PARA QUE MUERAS HOY DÍA." Seguidamente le metió tres cuchillazos a la altura de la barriga (...)  jalaron el cuerpo al río Paranapura y lo hicieron hundir... (Informe policial 097-2011-IV-DTP, redactado el 3 de mayo de 2011).

Aún mal escrito, el atestado policial elaborado a partir de la denuncia por la desaparición y muerte de Mariano Apuela (51), un reconocido chamán de la etnia shawi que vivía en la comunidad de Nuevo Atahualpa, en el distrito de Balsapuerto, a unas ocho horas de viaje por río desde Yurimaguas, intenta explicar qué ocurrió. La hipótesis es la siguiente: el alcalde Augusto Torres habría contratado a sicarios para asesinar a Apuela, quizá por venganza, quizá por un ajuste de cuentas; se dice, incluso, que el alcalde es evangélico y que el crimen podría tener un origen de tipo religioso. El caso sigue abierto. Si se resuelve, aún quedarían muchas preguntas sueltas, si tenemos en cuenta que durante el último año fueron asesinados 14 chamanes shawis.

En esta zona selvática del país se reconoce a los shawis por su poder mental. Un representante de esta etnia contó alguna vez (después de una prolongada sesión de ayahuasca en la que participó quien escribe estas líneas) que los nativos de otros grupos étnicos nunca duermen en una misma ‘maloca’ con un shawi por temor a este poder, por miedo a ser dominados en sueños. Si a los shipibos se les reconoce por ser buenos comerciantes y a los asháninkas por ser valientes y combativos, a los shawis se les identifica porque son los mejores en el terreno chamánico.

En el I Encuentro Internacional de Curanderismo, que se llevó a cabo días atrás en la huaca El Brujo, ubicada a una hora de Trujillo, mucho se habló del tema. La pregunta, a esas alturas, ya no se centraba en quién mató a los chamanes, sino por qué los mataron, por qué los matan. ¿Quién quiere eliminar a los 'shirimpiaré'? ¿Quién es el demonio, ese pobre animal?