No solo en Gana Perú: la verdadera crisis del nacionalismo peruano

Publicado: 2012-01-31

"Es un tema de partido, a mí déjenme gobernar", dijo recientemente el presidente Ollanta Humala en una entrevista desde Davos; además, pidió que no le pregunten por las supuestas divisiones en el partido oficialista. Sin embargo, no solo son esas fracturas las que existirían alrededor del nacionalismo, sino que una crisis más aguda es la ocurre en otras partes del Perú, como en las regiones del sur, algo que podría terminar afectando al Gobierno Central.

El periodista Martín Hidalgo analizó estas divisiones no solo dentro de la bancada de Gana Perú, sino en el nacionalismo presente en Arequipa, Cusco, Puno, Tacna y Moquegua. Designaciones 'a dedo', cargos de confianza y una serie de razones que han hecho que el nacionalismo peruano se dé cuenta de sus carencias: una base ideológica compartida y poca experiencia en política.

Aquí el análisis publicado en Spacio Libre:

Para ganar las elecciones del 2011 y superar la derrota del 2010, al Partido Nacionalista Peruano (PNP) no le bastaba su aparato partidario y el liderazgo de Ollanta Humala. Si bien combinaban una militancia numerosa, tenían poca experiencia en la arena movediza de la política, además de la carencia de una base ideológica compartida. Esto último debido a la falta de una estructura partidaria institucionalizada.

Tras esas ausencias, el partido vio necesario establecer alianzas con los mayores movimientos de izquierda, que al final lo ayudaron a llevar a Humala al sillón de Palacio de Gobierno. Una vez ganada las elecciones, el líder nacionalista ha bajado del coche a esas alianzas arguyendo que “no actuamos en función de lo que puedan decir esos sectores minoritarios que nunca van a cambiar”.

Ante ello, la alianza denominada Gana Perú se ha visto envuelta es una especie de crisis llena de pugnas, amenazas y presiones. Mientras que un sector de congresistas anuncia la separación de la bancada, los voceros de la misma presionan con retirar su apoyo en la Comisión de Ética u ofrecen comisiones para la próxima legislatura. En tanto, se ha dejado en claro la conformación de un Frente Amplio de Izquierda que sirva de una “unidad de lucha” que busque cumplir las propuestas prometidas en campaña electoral.

Lo que se desconoce es la crisis que vive el mismo nacionalismo en el sur del país, donde radica el bastión de electores de Humala, tanto en el 2006 como en el 2011. En Arequipa, Cusco, Puno, Tacna y Moquegua, el partido de gobierno se ha fracturado en por lo menos trece grupos en medio de un supuesto proceso de reorganización.

Es así como después del 70% de respaldo sacado de esas regiones en la segunda vuelta, ahora se puede apreciar cuatro facciones en Arequipa, tres en Cusco, dos en Tacna, y también dos en Moquegua y Puno. Todas ellas en busca de su cuota de poder desde el 28 de julio pasado cuando su máximo líder se colocaba la banda presidencial en Palacio de Gobierno.

Arequipa es uno de los centros más representativo del nacionalismo y donde ocurren las confrontaciones más duras que inmiscuyen incluso a congresistas de la bancada de Gana Perú. Allí se puede tallar al primer grupo liderado por el ex coordinador regional del partido Walter Aguirre y su socio Lorenzo Gutiérrez; otro por la congresista Ana María Solorzano con su tío Leonardo Flores; el tercero por los legisladores Justiniano Apaza y Tomás Zamudio; y por último Wilson Flores, ex aliado del primer grupo.

Los que tienen más llegada al gobierno son Aguirre y Solorzano. Ambos aceptaron a La República (Edición Sur) la crisis que vive el partido en el interior. Incluso el primero aseguró que el motivo sería que muchos nacionalistas intentan meter a su gente de confianza en cargos públicos.

Rolando Rozas, Jhony Zegarra y Daniel Lizarazu conforman los tres bandos en Cusco que quisieron copar las 60 instituciones del Estado en la ciudad imperial. La Presidencia del Consejo de Ministros rechazó todas sus ternas.

En el Antiplano, los grupos están divididos en Paco Becerra y Zenón Angulo. Este último presidente de la Comisión de Reorganización de Puno gracias a la ayuda de Susana Vilca, quien hace unos días dejó Viceministerio de Minas para a ser jefa del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet), entidad encargada de otorgar títulos de concesiones mineras.

Caso similar ocurre en Tacna donde las facciones están lideradas por Dora Quihue, gobernadora de la Ciudad Heroica y coordinadora de la Comisión de Reorganización; y José Quenta, dirigente de la base central. Quenta refiere que hay muchas personas que no apoyaron en la campaña, y que ahora ocupan cargos importantes por amistades.

Humala designó al ex teniente PNP Luis Aliaga Trigoso como titular de la Comisión Macroregional Reorganizadora del Partido Nacionalista Peruano, con el fin de subsanar la fricciones dadas en Arequipa, Cusco, Puno, Tacna y Moquegua.

Sin embargo, la nominación de Aliaga no hizo más que acrecentar la crisis, después que se le acusara de “autoritarismo” y nombrar a dedo a sus representantes regionales. Incluso han pedido su renuncia, después de conocerse sus antecedentes judiciales donde figura una sentencia a ocho años de prisión efectiva por participar en una golpiza que provocó la muerte de un ingeniero en 1996.

Así pues, el apetito de hacer del Estado una agencia de empleo para los nacionalistas, fruto de su inmadurez política, recién está pasando factura al Gobierno Central, lo cual podría verse reflejado en la falta de apoyo social que lo mantiene con regular índice de aprobación.

El politólogo Steven Levitsky ya advirtió que con un Estado débil y (casi) sin partido, Humala enfrenta un camino mucho más difícil que el de Lula en Brasil. “Podría terminar pareciéndose no a Lula sino a Toledo y García: poco querido, sobre todo por la gente más pobre”.

Aunque el Presidente ha pedido que no se le distraiga con el tema de la supuesta crisis en el grupo oficialista de Gana Perú. “Es un tema del partido, a mí déjenme gobernar”, ha sentenciado. Al final, la cura de Ollanta puede resultar más grave que la enfermedad.