Imágenes: Internet. Edición: Sophimanía

Prácticas laborales chinas y el peligro de que la Manzana se pudra

Publicado: 2012-02-17

Apréndete este nombre de memoria: Shenzhen. Y apréndetelo rápido porque lo está pasando ahí va a tener consecuencias globales en el corto plazo. Buenas y malas, y sobre las que todos tenemos y tendremos que tomar una posición: entre la acción y la indiferencia, pero posición al fin.

Acá otra expresión que vale la pena ser recordada: "zona económica especial" (SEZ por sus siglas en inglés), concepto que se aplica en China desde 1980, con el afán de atraer inversión privada internacional.

Trabajadores de Foxconn recogen el cuerpo sin vida de uno de los suicidas. Foto: Internet

Adivinaste: Shenzhen es una SEZ, pero la frase no es un Haiku es mas bien un infierno ya que ahí unas diez millones de personas (el 80% de las cuales son habitantes temporales) dedican su vida producir aquellos objetos que hoy nos resultan tan deseables: tablets, teléfonos inteligentes, consolas de videojuegos, reproductores de MP3.

¿Por qué llamar a esa situación un infierno? Fácil. Porque el sueldo mensual promedio de cada uno de estos trabajadores es de 140 dólares (leíste bien, mensual), y porque para acceder a tener el privilegio de ganarlo tienes que firmar un contrato donde aceptas trabajar gratis todas las horas extras que te ordenen y que no te vas a suicidar ni vas a quejarte ni dejar en ridículo a la empresa diciendo cosas malas de ella.

Jóvenes trabajadores, en el clímax de su esplendor intelectual, haciendo labores repetitivas por miles de horas a cambio de 140 dólares al mes. Imagen: Internet

Te suena familiar porque el concepto no es nuevo. Se llama esclavitud y teníamos la idea equivocada de que lo habíamos desterrado hace unos siglos, si bien no del mundo, al menos del "mundo formal". Porque no es que en Shenzhen se esté quebrando ninguna ley, al contrario. Se cumple lo que el gobierno Chino ha decretado como marco legal para una SEZ, repite conmigo: "para atraer inversión privada internacional".

¿Cómo es posible que el país más comunista del mundo -entendido "comunista" como un sistema que busca el bienestar equitativo de todos sin excepción- permita un régimen semejante? Lo ignoro. Seguramente tienen sus explicaciones y sus coartadas ideológicas, pero lo cierto es que en los últimos dos años, unos veinte de estos trabajadores, veinteañeros, se han suicidado, generalmente arrojándose de alguna azotea, hartos de trabajar horas de horas de horas para ganar una miseria.

Apple no es la única en usar los servicios de empresas como Foxconn. También las otras grandes marcas de la industria. Imagen: Internet

Gracias a ciudades como Shenzhen (hay más de este tipo en China y en otros lugares del mundo) es que podemos comprar "gadgets baratos" y otras mercancías, incluyendo medicinas. "Si les pagáramos buenos sueldos y les diéramos mejores condiciones laborales -nos amenazan los tecnócratas- entonces todos tendríamos que pagar mucho más por los aparatos tecnológicos".

El argumento es estúpido, pero tiene sentido si eres un capitalista de Wall Street; ya sabes, esos tipos que especularon con hipotecas impagables al punto de romper la economía más grande del mundo, con tal de salir a las cinco de la oficina y al final del año cobrar su bono.

Joven en mina del Congo. El problema es internacional. Foto: TED

El problema literalmente reventó en mayo del 2011 cuando una explosión en Foxconn (la fábrica más grande de Shenzhen, otro nombre que deberías aprenderte) mató a dos trabajadores y dejó heridos a otros dieciséis. Desde mucho antes ya habían denuncias de suicidios y malos tratos, así que -por fin- el New York Times decidió meter sus narices en el tema y enviar unos reporteros.

Los resultados de esa investigación abrieron el escándalo que anda rondando los medios hace meses. Apple es la más afectada puesto que Foxconn hace el iPad y no hay nada más rico para la mentalidad occidental que señalar el pecado en la ingle del virtuoso. Pero, la verdad sea dicha, toda la industria tecnológica, norteamericana, europea y asiática, utiliza el "asiático barato" para "optimizar sus costos" y "mejorar su competitividad", eufemismos hipócritas para no tener que decir "apoyamos la explotación y esclativud".

Por supuesto, el que todas las grandes marcas lo hagan no significa que Apple sea menos responsable. Ciertamente, los que admirábamos a Jobs y valorábamos su empuje e inspiración pensábamos que Apple estaría por encima de un entuerto semejante. Al menos la empresa está teniendo alguna capacidad de respuesta y ha sido la primera empresa tecnológica del mundo en asociarse a la Fair Labor Association (Asociación por el trabajo justo), una muy respetada ONG internacional que busca erradicar del planeta prácticas laborales como las descritas.

Los medicamentos también son parte del problema. La heparina comienza su cadena de produccón en estos centros artesanales chinos. Foto: TED

Como miembro de la FLA, Apple ha pedido que esta ONG audite las plantas chinas de Foxconn, Quanta y Pegatron donde se fabrican alrededor del 90 por ciento de los productos de Apple, investigación que ya comenzó y cuyo reporte debería ser público en marzo.

Al asociarse a la FLA, Apple también se compromete a tener una cadena de suministros donde los trabajadores gocen de estándares aceptables, estándares que son dados por la FLA, no por los gobiernos (en este caso China).

El director de la FLA es un activista sindical llamado Auret van Heerden, quien dirigirá la investigación en China. Desde hace años, van Heerden está enfocado en denunciar las empresas que tienen malas prácticas laborales, para que las llamadas "cadenas mundiales de suministros" (otro concepto para ser recordado) cumplan estándares mínimos, un problema que abarca todas las industrias, incluyendo la farmacéutica donde las consecuencias de estas malas prácticas han costado la vida a muchos pacientes.

Dramaturgo y actvista Mike Daisey uno de los pioneros en llevar el problema al conocimiento del público norteamericano. Imagen: Mike Daisey

Se espera que el ejemplo de Apple, que confía así en sortear un problema que puede afectar su siempre pulcra y "perfecta" imagen, debería ser seguido por todas las otras grandes firmas tecnológicas.

Pero acá la cosa ya deja de ser un escándalo internacional entre multimillonarias empresas y humildes esclavos y tiene que ver mucho más contigo: consumidor de tecnología. ¿Estás dispuesto a pagar más por un teléfono inteligente si con eso sabes que estás contribuyendo al bienestar de los trabajadores que lo hicieron posible?

La pregunta es pertinente porque el tema ha probado que puede convertirse en una variable más de la industria tecnológica. No sólo preguntaremos cuánta memoria RAM tiene el gadget de nuestros sueños, o cuántos píxeles tiene la pantalla o cuántos megahertz de velocidad tiene el procesador. También deberemos preguntarnos si las personas que lo fabricaron cobraron un sueldo adecuado a su esfuerzo y si descansaron lo suficiente la noche anterior.

Antes de la Internet, el "Made in China" que leíamos en nuestros juguetes era la única y suficiente explicación para tener algo barato y "cool". Pero eso ya no basta en el mundo globalizado. Aunque nos incomode, ahora saber nos hace co-responsables. Y nos exige tomar una decisión, que muy bien puede ser la de la indiferencia (si nuestra conciencia lo permite, claro).

Activista sindical Auret van Heerden investigará y denunciará el caso a pedido de Apple. Imagen: TED

El último nombre para tu lista de ítems memorables en relación a este caso: Mike Daisey. No es un ingeniero electrónico ni un diseñador industrial, es un actor y dramaturgo pionero en investigar lo que hacía Foxconn en China, información con la cual -desde el 2010- puso en la escena neoyorkina "La agonía y el éxtasis de Steve Jobs", un monólogo satírico que denunciaba esta situación meses antes de que lo hiciera el New York Times.

Daisey pronto pondrá en su página web la transcripción de su monólogo para que actores y aficionados de todo el mundo lo bajen gratis y -si lo desean- lo escenifiquen públicamente.

Así las cosas, la próxima vez que te bajes un capítulo de Espartaco y veas un grupo de esclavos tracios trabajando hasta morir en las minas romanas, recuerda que hace pocas semanas un trabajador de Foxconn murió en la línea de ensamblaje luego de trabajar 36 horas seguidas. Tener gadgets ultra tecnológicos, después de todo, no nos hace tan "desarrollados" como creíamos.

Enlaces relacionados

El comunicado de Apple diciendo que inspeccionará las plantas chinas (en inglés)

Web oficial de Fair Labor Association (en inglés)

Informa de ElMundo.es sobre el tema (en castellano)

Artículo de ElPaís.com sobre Mike Daisey

Página oficial de Mike Daisey (en inglés)

Transcripción (en inglés) de un resumen del monólogo de Daisey

Extraordinaria conferencia de Auret Van Heerden sobre cadenas mundiales de suministros (subtitulada en castellano)

Pablo Vásquez Flores para Sophimanía