CONTRA LA GEOGRAFÍA HUMANA, o Siete mil millones de personas

Publicado: 2012-03-06

“Ojalá vivas en tiempos interesantes” (Maldición china)

“ … la Tierra no es un sistema abierto, con reservas infinitas, sino un sistema cerrado en el que se dispone de reservas consideradas como bastante escasas, independientemente de la multiplicación que pueda derivar de un uso más intensivo de la tecnología” (Colombo & Turani, “El Segundo Planeta”)

Me llegó la siguiente página de BBC Mundo,  http://bbc.in/uSJsy8, intitulada “Siete mil millones... y usted, ¿sabe qué número es?”. Supongo que debería recomendarla pues nos puede dar una idea de lo que es nuestro verdadero lugar en el mundo. La página es interactiva, así que tras introducir algunos pocos datos, es posible encontrar con bastante probabilidad algunos hechos interesantes referidos a la propia persona en relación con el resto de la Humanidad. Resulta, por ejemplo, que este humilde servidor es la persona número 2.891.315.945 aparecida en este planeta, de un total de algo más de 7.000 millones. Es decir, cuando este pechito llegó al mundo había bastante menos de la mitad de la población total que hay hoy en día.

De unos poquitos a unos montones, y de ahí…

Hace unos diez mil años, cuando los seres humanos inventaron la agricultura, habíamos muy pocos, probablemente alrededor de un millón en todo el mundo. El proceso desatado por la aparición de una economía de producción agrícola-ganadera, que sustituye a una economía de depredación basada en la caza, la pesca y la recolección, parece haber sido muy exitoso. En especial si medimos el éxito por el número. Hacia 1800 D.C. la humanidad alcanzó los Mil Millones de Habitantes. Se demoró para ello, decíamos, unos diez mil años en cifras redondas.

Sin embargo, la verdadera explosión demográfica arrancó con la Revolución Industrial del Siglo XVIII. En cierto modo podríamos decir que ese período revolucionario aún no acaba, considerando que la Humanidad desde entonces no solamente no vive un período estable y/o estacionario, sino más bien en ese tipo de período histórico donde parece que lo único que permanece es el Cambio. Ocurre que se acumulan cambios tras cambios, y cada vez con mayor rapidez. Si aplicamos el criterio del Historiador Vere Gordon Childe de considerar el aumento poblacional como indicador de “resultado” del proceso histórico denominado revolución, se podría decir que la Revolución industrial fue exitosa en extremo. A no ser que consideremos que la Revolución Industrial aún no ha terminado, y por lo tanto que su resultado todavía está en veremos.

La Revolución Industrial: ¿éxito o fracaso?

Pocos saben que en nuestra generación hemos estado por lo menos dos veces en un tris de ser espectadores no tan remotos de una guerra nuclear masiva. No sé si en esos años de 1964 y 1982 la capacidad nuclear de las dos superpotencias puesta en juego masivamente hubiera resultado en una extinción general de la especie humana. No estoy seguro de ello, pero sí que los ecosistemas se hubieran rayado feo, como ha ocurrido en ocasiones anteriores por eventos naturales, y que en la recuperación de los equilibrios generales del planeta es muy posible que nuestra especie no encontrara espacio para sobrevivir. Obviamente, una guerra nuclear o una degradación general de nuestro único hábitat implicaría no solamente el fracaso de la Revolución Industrial, atendiendo al criterio de Gordon Childe que hemos señalado líneas arriba; sino incluso el muy probable desmadejamiento de la epidermis civilizada de la especie humana. Sería el fracaso no solamente de la Revolución industrial, sino inclusive de la Revolución Agrícola.

Sin caer en los excesos del optimismo desaforado – aunque cada vez más matizado - que sólo ve ventajas en crecer económicamente hipotecando el medio ambiente; y del pesimismo a lo bestia, que solamente ve desventajas y el camino a la extinción – que por cierto parece tener más razón que la que nos gustaría -; resulta objetivo que a no ser que se haga realmente algo al respecto, las estructuras sociales y económicas en las que la Humanidad está embarcada con demasiado entusiasmo nos estarían llevando a una suerte de desastre. Se ha calculado la época del cross-over, es decir, el momento en que el Destino nos alcanzaría, y esa fecha estaría alrededor del año 2070. Naturalmente se sentirá desde mucho antes, y ya lo estamos sintiendo en los precios de los recursos y en la transformación acelerada de bienes libres en bienes económicos.

La Explosión Demográfica

A todos nos pasa que sabemos cosas racionalmente, pero a veces necesitamos de las cifras para poder llegar a imaginarnos realmente su entidad o sus características. Esto me pasó a mí con el índice de crecimiento demográfico de nuestro país. Resulta que es relativamente bajo, de 1,1 %, lo que comparado con el crecimiento económico implica en verdad un crecimiento global de riqueza para cada uno de sus habitantes, esto por supuesto sin tomar en cuenta la tremenda desigualdad en el reparto de la torta que nos caracteriza. El Índice de Crecimiento Demográfico (ICD) resulta de restar la Tasa de Mortalidad de la Tasa de Natalidad, en el Perú: 69 nacimientos/hora menos 18 fallecimientos/hora, lo que nos da un crecimiento de 51 nuevos peruanos cada hora. Luego deberíamos restar la Tasa de mortalidad infantil, que afecta a los niños hasta los cinco años de edad, para tener una idea más adecuada.

Aún así notaremos fácilmente que las cifras no cuadran, y eso es porque un ICD que se respete tiene que tomar en cuenta la Emigración y la Inmigración. Nuestro país posee una cifra de emigración bastante alta, de 17 emigrantes por hora, si le creemos a BBC. Es decir, se van del Perú aproximadamente la misma cifra de peruanos que fallecen. Esto le echa harta agua fría al crecimiento económico, porque si estos peruanos se quedaran molestarían en esto del reparto de la torta. Pero el hecho es que no se quedan, y van a molestar a otras partes. Pero esto nos dice algo importante: Que el crecimiento no es tan espectacular como lo creemos, porque hay que considerar que en realidad es cómo si se murieran para el Perú el doble de las personas que fallecen. Estas cifras no son juego. El país que más crece en el mundo es Qatar, con 513 personas por día, lo que se puede atribuir perfectamente a su prosperidad económica, que atrae a indios, pakistaníes y habitantes de otros países cercanos. El que menos crece es Moldavia, que pierde 106 personas cada día, evidentemente por migración.

Lo que vamos a vivir

Aparece también en la página web de marras un cálculo interesante sobre la esperanza de vida. Esta consiste en una cifra que indica cuánto se espera que un niño recién nacido viva de acuerdo a sus circunstancias vitales de salud, nutrición y educación. Según BBC, este  ciudadano del mundo que escribe tiene una expectativa de 70,3 años, lo que empieza a preocuparme un poco, porque ya, ya, como que me voy acercando. Sin embargo, esta es una media mundial, y como Dios es peruano, en mi país mi Esperanza de Vida crece un poquito hasta los 73,2 años. Vale decir, me quedan algo así cómo... bueno, no tengo por qué estar contando mis intimidades … y además no se sabe si en el devenir de la vida ocuparemos el mismo sitio que una combi que se pase la luz roja, así que mejor nos dejamos de preocupar en exceso por lo que no tiene remedio. Es interesante el hecho que si hubiera nacido en el Japón, mi Esperanza de Vida sería de 82,6 años, lo que es casi diez años más que lo que tengo por ser ciudadano de Perusalem, y me molesta un poco, qué caray. Al Japón se le atribuye esta importante diferencia en dos argumentos de peso: la dieta saludable y los servicios de salud que enfatizan la prevención. Sin embargo, el azar y la genética me podrían haber llevado también a la República Centroafricana, cuya Esperanza de Vida es de 45,91 años, y eso quiere decir que a estas alturas estaría ya con cara seria. Las razones que se dan para esta baja expectativa en el caso africano son la pobreza, los conflictos bélicos, un pobre acceso a los servicios de salud y la prevalencia del Sida.

Más Geografía Humana

Mi curiosidad continuó y quise saber más acerca de mi lugar en las estadísticas mundiales, así que aterricé en la página http://www.7billionandme.org/, auspiciada por la UNFPA, tratando de averiguar más, y he aquí lo que hallé:

Fui una de las 279,858 personas que nació en el mundo el día de mi nacimiento, y una de las 23.397 que nació en América Latina y el Caribe.

Cuando nací el Perú tenía 9.224.073 habitantes, es decir la tercera parte de la actual. Vale decir, dos de cada tres peruanos que viven hoy no habían nacido, y son menores que yo. Es decir, yo soy mayor que la mayoría de ellos. Y soy padre de unos pocos.

Cuando nací, mi ciudad Lima tenía 1,533,482 habitantes, mientras que hoy tiene 9.127.013, siempre según medias estadísticas. Durante el período en que he estado estorbando en ese planeta, mi país, el Perú, ha aumentado su población en un 300 %, es decir 3 veces. Pero mi ciudad Lima ha aumentado casi ocho veces. Para pensarlo en términos de qué ha pasado en nuestra patria.

Y la población del mundo es ahora de 7,000,082,751 individuos, cada uno de los cuales tiene sueños y esperanzas, es hijo/a de alguien y padre/madre de alguien, posee o no posee educación. Y sobre todo cada uno de los cuales necesita de alimentos, vestidos, vivienda, salud, educación y trabajo. Y vienen más …

En cuanto a la vida en nuestro único planeta, 965,910 especies de las casi 10 millones existentes se extinguieron desde que yo nací. Casi una de cada diez. Lúgubre pronóstico. Si nosotros crecemos y ellos se extinguen, hay algo que está fundamentalmente mal en todo esto.

Colofón

Cuando estudiamos las frías cifras de la Geografía Humana se nos pierde casi siempre la parte humana del asunto. Pienso en ese centroafricano que murió de Sida, por una bala perdida o por desnutrición. Voltaire le hacía decir a uno de sus personajes, que Cándido encuentra encadenado (cito de memoria): “Dicen que todos somos hijos del mismo padre … Convendrá usted que no se puede abusar de los parientes de manera tan espantosa …”. Tratemos en medio de nuestras diarias preocupaciones de pensar en ello. Y punto por hoy.