Guerra Perú-Chile 1879. La guerra inglesa

Publicado: 2012-03-20

"Chile jamás habría entrado una sola pulgada dentro de la guerra, si no hubiera sido por el respaldo del capital inglés" agregando: "era un completo error hablar de dicho conficto como de una guerra entre Chile y Perú. . . es una guerra de Inglaterra contra el Perú, con Chile como instrumento. . . Asumo la responsabilidad de esta afirmación".

James G. Blaine, Secretario de Estado de los Estados Unidos en el año 1881 así se expresó en el Senado durante el mandato del presidente James A. Garfield. 

El 30 de enero de 1882, el mismo James G. Blaine, en declaraciones al diario "The Washington Post" habló sobre las relaciones de Inglaterra y Chile en la guerra del Pacífico, y declaró que esa república:

"consiguió de Inglaterra acorazados y material de guerra. Los soldados chilenos marcharon hacia el Perú con uniforme de tela inglesa, con fusiles ingleses sobre sus hombros, la simpatía inglesa respaldó a Chile en su conquista y los intereses comerciales ingleses reciben un tremendo impulso del engrandecimiento de Chile".

Seguidamente al referirse a las transacciones que Chile buscaba en ese entonces con Inglaterra sobre el salitre y guano peruanos, expresó:

"Banqueros ingleses proveerán el dinero, comerciantes ingleses efectuarán los negocios, buques ingleses cargarán los productos. Más de 800 barcos están implicados en este negocio". . . La guerra contra el Perú ha sido hecha en pro de los mismos intereses que Clive y Hasting tuvieron en la India".

Para mejor comprender la referencia sobre Clive y Hasting se debe conocer que el primero fue el conquistador de la India a nombre de la East India Company y después de dominar el país, se dedicó a expoliarlo al máximo de sus riquezas. Hasting a nombre de la misma Compañía, desarrolló el cultivo del opio y, a nombre de la cultura, cristianismo y civilización, decretó el monopolio del opio y después de generalizar su consumo en la India, donde hasta con ese producto se pagaban los salarios de la Compañía; a cañonazos la subsidiaria, Sociedad Jardine, Matheson y Compañía impusieron durante el siglo XIX el libre comercio y consumo en la China a través de dos guerras para doblegar la resistencia de ese país a consumir la droga, por eso la referencia a esos personajes implica perfidia, engaño, abuso, prepotencia y brutalidad.

Desde la independencia y antes también, el comercio inglés había sustituido al español en el trato directo con las colonias. Por ese interés económico Inglaterra dio el apoyo simbólico a la emancipación y, cuando ésta se produjo, trató, en compromiso con Estados Unidos, hacerse dueños del comercio continental, situación que no aprobó Estados Unidos, pero tampoco impidió el florecimiento del comercio británico que, como primera potencia marítima e industrial, impuso agresivamente sus condiciones, sea para extraer o adquirir materias primas o vender sus productos.

Cuando surgió la riqueza del guano, los comerciantes ingleses procuraron tener el control de esa riqueza y en mucho lo consiguieron a través de los consignatarios y bonistas, por eso se disgustaron cuando el Perú suscribió un acuerdo con el francés Dreyfus, al perder esa riqueza. La situación se incrementó con el salitre que estaba en sus manos en Antofagasta, aunque Chile ponía los obreros para explotarlo. En Tarapacá se estatizó la comercialización lo cual estuvo en contra de sus proyectos, en cambio Chile les dio todas las facilidades, frente a esa situación, Inglaterra decidió que Chile, por ser quien le daba mayores ventajas fuera elegido para manejar las riquezas y comenzaron a fraguar disculpas: como la inestabilidad del gobierno peruano, sus frecuentes golpes militares, su seriedad en cumplir compromisos como el no pagar la deuda, que es monopolista y, por último, país de indios que no merecen mayor respeto. Se debe tener presente la coincidencia de fechas. El Perú firmó el convenio el 5 de julio de 1869, teniendo como Ministro de Hacienda a Piérola que negoció con Dreyfus y, 1871, cuando se abren los recursos, astilleros y arsenales ingleses al servicio de Chile. El intervalo fue el tiempo que demandó la negociación para aniquilar al Perú.

El gobierno inglés, siguiendo las indicaciones de la City, ubicación de banqueros, comerciantes, especuladores, quienes dictaban la política del imperio y lo siguen haciendo, decidieron jugar a la carta chilena al haber mostrado ese país su entero servilismo al mercantilismo británico, sumisión de las Malvinas de 1982, cuando Chile entregó sus bases y plena ayuda a los aviadores y barcos ingleses para que pudieran, no sólo atacar a la Argentina, sino que bajo la protección del territorio, realizaran labores de espionaje y sabotaje a cambio de dos escuadrones de aviones Hawker Hunter y bombarderos Camberra, quedando pendiente la entrega de un portaviones. Seguramente también está el pleno apoyo a Chile, en caso de algún conflicto de ese país.

Pinochet consideró que eran más positivo para Chile los criterios de expansionismo geopolítico que la dignidad del pueblo chileno y el sentido de solidaridad continental latinoamericana. La colaboración entre Inglaterra y Chile viene desde 1851, cuando la flota inglesa, actuando como policía del gobierno chileno, en época del presidente Bulnes, quien preparó elecciones fraudulentas a favor del candidato Manuel Montt, lo cual motivó la sublevación de los liberales chilenos quienes se hicieron fuertes en Concepción y la Serena. Para combatir dicha revolución, se dispuso el bloqueo de Coquimbo, acción naval ejecutada por los barcos británicos en conjunción con el ejército del general Montt. Como se produjo una nueva sublevación en Magallanes, el nuevo presidente recurrió igualmente a la flota inglesa para doblegar a los insurgentes.

El capitalismo británico, dueño igualmente de la prensa, desató una campaña aleve de desprestigio al Perú, ya el 30 de mayo de 1879 editorializaba el "Times" de Londres:

"En cuanto a las razones de la guerra, no hace mucho que dijimos que estaban de parte de Chile y que los extranjeros neutrales deben concederles sus simpatías. La querella es mercantil y mientras Chile pelea por la libertad de comercio, el Perú ha tomado el partido de la restricción y del monopolio".

Por su parte "The Economist" aplaudía las críticas efectuadas contra el Perú por diferentes articulistas y en especial a las propuestas chilenas de arreglar con los bonistas ingleses la deuda peruana del guano. En el Anexo 11 se presentan fragmentos de un artículo del "Standard" de Londres, traducido y reproducido por el "Mercurio" de Santiago, y en los Anexos 12, 13, 14, 15 y 16, se aprecia la forma parcializada, tendenciosa y tergiversada como Inglaterra presentó a su público diferentes episodios de la guerra, pretendiendo justificar su esbozada agresión al Perú.

Quienes avalaron a Chile ante el gobierno inglés fueron algunas empresas o casas inglesas dedicadas al comercio del salitre mencionándose a Guillermo Gibbs y Compañía, Melbourne Clark, Jorge Smith, J.D. Campbell y Compañía, en especial la primera que sirvió incluso para financiar el espionaje chileno en el Perú y no durante la guerra sino desde años previos a ella, sea en forma directa o a través de los consulados chilenos. Igualmente sostuvo en Londres, que a Inglaterra le interesaba apoyar a Chile por ser el país de mayor eficiencia en la costa del Pacífico sudamericano. Sus diplomáticos mintieron a su público y denigraron al Perú y sus habitantes, incluidas sus altas esferas sociales y terminaron incluso aplaudiendo la posibilidad que Chile se anexaría al Perú como lo expresó el almirante Lyons en 1882.

Una vez comprometida Inglaterra en la guerra contra el Perú, brindó a Chile toda clase de ayudas, abiertas unas, encubiertas las otras. Lo que buscó fue la seguridad de las utilidades de los inversionistas ingleses, por eso, cuando el Perú entra en negociaciones con Turquía para adquirir el "Tehlz-Bolend" o "Fehlz-Bolen", acorazado de magnífica calidad y avanzadas las negociaciones a través de un banquero griego, un marino inglés al servicio de Turquía, Hobbart Baja, inmediatamente hizo un obsequio de más de tres mil libras de oro al sultán y logró influenciarlo para que la operación de venta quedara sin efecto con el pretexto de que el país no se viera privado de una de sus mejores unidades navales.

También Inglaterra encontró la forma de canalizar su apoyo económico a Chile, mediante algunos subterfugios, como la "Noticia Halagüeña" tomada del Boletín de la Guerra.