Vio y escuchó lo que otros no

Busco pediatra

Publicado: 2012-06-19

Ximena Sierralta*

He tenido malas experiencias con los médicos. Estoy casi segura que mi cesárea fue innecesaria, lo cual destruyó mi confianza en el ginecólogo que me acompañó todo el embarazo. Una vez llegué a la septicemia por un mal tratamiento y mal diagnóstico de un médico. Cuando nació mi hijo tuve una pediatra muy atenta pero cuando a él le dio rotavirus a los 3 meses ella no pudo dar con la causa, me recetó antibióticos innecesariamente y prohibió darle leche materna.

Ninguna de estas experiencias me ha hecho dudar de la importancia de la medicina occidental y de los médicos. En esos casos reconocí la mala suerte de toparme con malos profesionales pero seguí buscando mejores opciones y lo seguiré haciendo siempre. Sin embargo, he escuchado historias de terror de pediatras cuyo desinterés o ninguneo hacia las preocupaciones de la mamá o papá han acarreado complicaciones que hubieran podido prevenirse con un mínimo de diligencia profesional. También he escuchado a mamás o papás preocupados porque su pediatra les dice que el hijo está muy flaco, muy gordo, muy lento o muy débil sin dar un sustento adecuado y a continuación procede a recetar fórmula, antibióticos, vitaminas o críticas no solicitadas sobre su estilo de crianza.

Los/las pediatras de ahora parecen estar siempre ocupados y apurados y tal vez por eso nosotros los busquemos solamente cuando nuestros hijos están enfermos. Si necesitamos consejos sobre alimentación, hábitos de sueño, comportamiento, juegos o lactancia preferimos acudir a abuelas, amigas, la profesora del nido o Internet.

¿Le pides a tu pediatra sugerencias de juegos con tu bebé? ¿Le preguntas cómo hacer para que tu bebé duerma de corrido o coma mejor? ¿Conversas con tu pediatra sobre cómo te va, cómo va la familia y cómo tu hijo/hija se va desarrollando en el día a día? La verdad que yo no. Tengo dos razones: la primera es que siento que él no tiene tiempo y la segunda es porque presiento que vamos a tener opiniones discordantes. "Si le digo que mi hijo aún no duerme de corrido, seguro me va a decir que lo destete". "Si le digo que a los 8 meses aún no gatea seguro va a decir que no puede ser". Y así en adelante.

Hace unos días tuve una conversación interesantísima con el Doctor Adrián Diaz, experto en Salud Familiar y Comunitaria de la Organización Panamericana de la Salud sobre el rol del pediatra. Él me dijo que el pediatra debería ser el principal consejero de crianza de las familias. Que una consulta con el pediatra debería abarcar no sólo medir, pesar, auscultar y recetar sino sobretodo conversar, orientar, informar, debatir e intercambiar opiniones sobre crianza. Por lo tanto, una consulta pediátrica no puede durar 15 o 20 minutos (que creo es la duración de cualquier consulta médica). Y si a eso le restamos desvestir a la criatura, consolarla mientras llora, esperar mientras el pediatra atiende un par de llamadas, tenemos unos 7 minutos disponibles para conversar. Absolutamente insuficiente.

Un punto central en la relación pediatra/mamá y que marca la percepción positiva o negativa que ésta pueda tener es la lactancia. Es impresionante (e inaceptable) cómo a pesar de la importancia que tiene la lactancia materna, los pediatras tienen esta predilección por acudir a la fórmula al primer reporte de "creo que no tengo leche", lo cual lleva a que quienes quieran persistir en la lactancia lo hagan casi a espaldas de su pediatra.

Por eso terminamos consultando con toda esta red de apoyo que puede tener buenísimas intenciones pero que no puede reemplazar el papel de un pediatra en la crianza de un niño o niña. Hasta antes de mi conversación con el Doctor Díaz yo consideraba que un buen pediatra era el que me daba confianza, atendía mis llamadas telefónicas y curaba a mi hijo. Ahora veo que tengo que buscar algo más. Pero yo me pregunto, ¿existen pediatras dispuestos a hacer un control de niño sano por 45 minutos o más? ¿Existirá alguno con quien pueda debatir sobre diversos estilos de crianza? ¿Estaré yo dispuesta a confiar en él/ella tanto como confío en los consejos de mis amigas o Internet?

Considerando lo mencionado, no debería sorprender esta tendencia que veo últimamente de algunas mamás y papás que prescinden de la atención pediátrica y se vuelcan exclusivamente a la medicina alternativa, con lo cual estoy en desacuerdo. Yo evito dar medicamentos por cualquier cosa y menos antibióticos. Si hay dolor de cabeza, fiebre (hasta cierto punto), mocos o dolor de barriga, mi primera opción es buscar una solución natural pero si pasa el tiempo y no hay mejora yo llamo a un profesional. Y entonces me enfrento a un dilema: el temor de sobre-medicar a mi hijo frente al temor de generarle una complicación si lo dejo sin tratamiento médico. Entonces, ¿cuál es el límite? ¿Cuándo se considera que una pone en riesgo la calidad de vida de su hijo/hija por una opción pro o anti médico? ¿Hasta donde puede ir la medicina natural y a partir de cuándo debe entrar la medicina occidental? ¿Quién va a responder estas preguntas?

Otro tema vinculado es el de las vacunas. Yo he decidido vacunar a mi hijo porque tengo una responsabilidad con la sociedad de mantener erradicadas enfermedades infecciosas graves, porque no quiero que se enferme de algo que se puede evitar, porque creo que los efectos secundarios (si los hubiera) no son graves, porque he encontrado suficiente sustento para descartar la relación entre vacunas y autismo y porque es lo que las autoridades sanitarias de mi país y de todo el mundo recomiendan. Comparto un completo análisis sobre la importancia de las vacunas hecho por el blog Mamá de dos chancletas.

Sin embargo, la desconfianza por la medicina occidental y la creencia que los médicos son lacayos-de-la-industria-farmacéutica es razón que muchos usan para justificar su opción por no vacunar. Uno de mis gurús en materia de crianza es el Doctor Carlos González, pediatra y padre de la crianza natural o crianza con apego. Amo sus videos, he leído todos sus libros y lo recomiendo a cuanta mamá o papá se me cruza por el camino. El doctor González tuvo que escribir un libro llamado En defensa de las vacunas para desligar su promoción de la crianza con apego de las posturas anti-vacuna. Él dice que muchos padres se sorprenden que él esté a favor de las vacunas "(…) como si hubiera una especie de paquete ideológico raro-progre-natural, y si defiendes la lactancia materna o coger en brazos a los niños, también debes estar, “lógicamente”, en contra de las vacunas y creer en la medicina “alternativa” y en la era de acuario.".  

Pero en esta historia falta un personaje: los papás/mamás que pagamos directa o indirectamente la consulta médica y que tenemos derecho a recibir una atención de calidad. La asimetría de información y la vulnerabilidad entendible de un papá o mamá frente a un hijo/hija enfermo/a nos pone en una situación de desigualdad frente a los/las pediatras. Además, como nosotros también andamos apurados, nos conformamos con los 15 minutos de consulta y la indefectible receta que llevaremos a casa y resolverá el problema. El problema es que si los pediatras no reciben nuestras opiniones o no se sienten obligados a explicar tratamientos o a darnos más tiempo, las cosas no van a cambiar. Confieso que no es fácil generar esos cambios porque uno construye una relación con su pediatra, probablemente éste/ésta ya ha resuelto varias crisis médicas y replantear todo o buscar alguien nuevo siempre es complicado pero les prometo que voy a intentar y reportaré luego de mi próxima consulta. Mientras tanto, me encantaría conocer cómo es su relación con el pediatra de sus hijos/hijas.

*Mamacita residente


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mamacitas

Cuando uno es mamá o papá aprende a reconocer que no puede sola/o y que necesita el apoyo de muchas personas. Por eso nace MAMACITAS. Para que compartas lo que hiciste para resolver los mil y un retos de la maternidad. Para que cuentes eso que nadie cuenta.


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