la mafia no descansa

Para recordar a Toño Cisneros

Publicado: 2012-10-07

(Para recordar a Toño Cisneros, por Cecilia Podestá, publicado en la sección cultural de Diario16, el 7 de octubre de 2012)

“Para hacer el amor debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha, tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra... para hacer el amor”, escribió Antonio Cisneros dando instrucciones exactas de cómo volcar el tacto sobre el cuerpo del otro, restregado sobre los pastos húmedos, mucho mejores que los secos y amarillos, aferrado el amante a la cintura de la muchacha, ambos bajo el cielo, y es que “la cama es poco reino para tan buen amor”.

El sol, la desnudez y los pulmones abiertos fueron siempre la imagen recurrente de dos amantes adolescentes que se decían poco. Entonces podía guardar la foto del novio de turno al lado del poema de las instrucciones: eternas y mugres en un papel doblado en cinco dentro del bolsillo universitario, arrugado por una posible poeta que odiaba la teoría literaria de las aulas y salía al patio de Letras de San Marcos a leer al Toño como se debe: en espera por ser un personaje tan intenso y tan libre, cuyos amantes deberían cubrir su piel y ojos de un sol intenso.

Sí, Antonio Cisneros está muerto y seguimos hablando de su poesía y de cómo la descubrimos. Y  es que quizá deba haber otra forma de despedir a nuestros vates sin tanto regresar sobre la enfermedad, las muertes que ocurren de madrugada, o sobre las dolorosas operaciones, quimioterapias y tantas cosas que conocemos bien los que hemos perdido a alguien porque el cáncer se quedó entre su fiebre y sus últimas palabras delirantes.

En una reciente entrevista, el Toño dijo irónicamente: “Lo he tomado con humor. Sé que estoy enfermo y quiero salir de esta, pero tampoco puedo pedir un milagro, solo calidad de vida durante un tiempo más”. Y al teléfono: “¿Vas a preocuparte ahora por el tío Toño? Casi tengo setenta años, estas cosas pasan. Ya estoy viendo cajones de colores: blanco, negro y qué sé yo. ¿Tú sabes, no? Para cada tipo de pecado”, me comentó riendo hace casi tres semanas, la última vez que hablamos y siempre haciendo planes o maldades traducidas bajo su risa siempre irónica, contagiosa y después, claro, las carcajadas y la promesa de vernos pronto.

Inolvidables poemas maroqueros

Desde una ventana del Palacio de la Moneda en Santiago, durante el encuentro Chile Poesía, hace algunos años, el Toño Cisneros leyó así sus poemas, poemas maroqueros:

“Buenas noches, buenas noches. Primero, gracias por estar acá, yo que ustedes no estaría acá, imagina escuchar a un poeta… podrían estar con sus machos, con sus hembritas, haciendo algo interesante en la vida, pero bueno, ya que están acá, los quiero. (Aplausos) (…) La cagada.

Bueno. Yo escribí unos pequeños boleritos cuando me abandonó una hembrita, una muchacha muy bonita pero… me abandonó como a un perro, como a una rata, como a un peruano… ¡Carajo! Entonces, la pobre rata, el pobre perro, el pobre peruano, escribió unos poemas (…) Ahora que ya me he vuelo valiente y macho, ¡cuatro bolerazos! ¡Zas! Piensen en Lucho Barrios (…) Con las últimas lluvias te largaste/ y entonces yo creí/ que para la casa más aburrida del suburbio no habrían primaveras ni otoños ni inviernos ni veranos/ Pero no (…) Para olvidarme de ti/ y no mirarte/ miro el viaje de las moscas por el aire (…) Y es que tu ausencia/ tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic./ No me aumentaron el sueldo por tu ausencia/ sin embargo el frasco de Nescafé me dura el doble/ el triple las hojas de afeitar”.

Estaba ebrio y feliz, tantas veces admirado entre los aplausos de miles de personas, ovacionado como una estrella de rock bajo la certeza de su lenguaje y de su voz. Pero era más grande, era un poeta peruano mentado a la madre de la muchacha que lo había abandonado, con humor, con poesía, hablando del Nescafé y de una lata solitaria, de la ausencia y las hojas de afeitar. Grande! Adiós, Toño.


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