el blindaje continúa en el Congreso

El día después de mañana

Publicado: 2013-01-18

La semana pasada, pude escuchar uno de los discursos más lúcidos sobre la actual situación de Iquitos. La pronunció Víctor Lozano, director del colegio San Agustín de la localidad, en la presentación del libro “De la Maloca al Partenón”, del arquitecto Alberto Ríos. Me tomo la libertad de compilar un párrafo de aquella encendida pero certera perorata (el texto completo lo pueden encontrar en el último número del semanario Kanatari):

“En el último cuarto del siglo XX, Iquitos ha crecido sin rey ni ley, a golpe de invasiones siguiendo inveteradas costumbres, dirigidas por mafias y permitidas por una autoridad desbordada, incapaz de planificar. El resultado es que ya no hay calles: hay pasajes. No hay plazas, ni espacios para el mercado, para el culto, para el comercio, para la pequeña industria. El taller de metal mecánica martillea al lado de la vivienda residencial. La fábrica de muebles junto a una escuelita. En lugar de estar la industria junto al puerto, los camiones atraviesan la ciudad con sus pesadas trozas y troncos camino de la fábrica triplayera. Tenemos un solo parque para una ciudad de medio millón de habitantes y además con montones de escombros; tenemos sembrado mucho cemento y pocos árboles, un Gran Río para recrear la vista en atardeceres de ensueño, pero privatizado por cuarteles y particulares. Una ciudad rodeada de ríos y lagos pero casi siempre sin agua. Una ciudad, finalmente, ahorcada entre dos inmensos cuarteles militares, que la constriñen, hasta dejar una sola Avenida, un verdadero cuello de botella. ¿Qué es todo esto sino datos ilustrativos de la falta de autoridad, de la falta de voluntad, de la falta de norte?”

Una ciudad ahogada por todos sus costados, con el ruido infernal. Una ciudad, paradójicamente rodeada de árboles y de vegetación, que tiene uno de los peores promedios  nacionales de metros cuadrados de áres verdes por habitante (0.4, aproximadamente, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda como mínimo 8 m/h).

Claudia Cisneros, invitada por Tierra Nueva para sus actividades culturales por el aniversario de la ciudad, escribió también en su columna del diario La República sobre el gran choque que uno se da luego de volver de tiempo y encontrarse con el desolador panorama:

“Es imposible evitar una honda preocupación y desazón por el estado de emergencia en el que parece estar la ciudad. El aire en sus vías es tóxico. Sospecho que una medición ambiental los pondría en apuros. Las motonetas son en gran parte responsables de esta contaminación respiratoria y auditiva. Imposible disfrutar un paisaje sin ser inmisericordemente taladrados por su crispante ruido. Las pistas son huecos con algunas extensiones planas en muchos puntos de la ciudad, y el crecimiento urbano es monstruoso, sucio, desordenado y sin guardar estética con el perfil de una ciudad selvática en un país de economía boyante.”

Resulta importante asumir las consecuencias de este desastre. Miro las últimas revelaciones del representante de la empresa encargada de la supervisión del espantoso trabajo de alcantarillado y nos damos cuenta que tanto la informalidad como la corrupción continúan metiendo sus narices en los asuntos públicos. Y el pueblo parece como anestesiado, ido, en estado de trance mientras todo se cae a pedazos.

¿Estamos esperando que llegue el día después del mañana, cuando el destino nos alcance? Iquitos debe ser declarada en emergencia, cuanto antes, y a partir de ello, un nuevo plan urbano, en el largo plazo, inflexible, se debe trabajar con todos los sectores técnicos y profesionales. La cura será larga, costosa y dolorosa, pero no hay otra alternativa. Cuanto más tarde empecemos, peor será.


Escrito por

Paco Bardales

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Publicado en

Diario de IQT

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