sin ciencia no hay futuro

Foto: Piko Tamashiro

Luis Guzmán y la decadencia bacán

Publicado: 2013-04-26

Quedé en entrevistar a la banda Luis Guzmán, que está a punto de sacar su primer disco, pero al encontrarme con ellos en un parque de Surco, de noche, no se me ocurrió ninguna pregunta. Verlos interactuar fue suficiente para entender un poco mejor su música, que representa un tipo de jocosidad fandangosa... La jocosidad de una Lima que se aburre, que es joven, y que a veces se pone demente.

ESCRIBE: RAY RAY ÁFRIKA

Luis Guzmán es de esas bandas en las que todos los integrantes son amigos, y eso se nota en el escenario. Haciéndose bromas entre ellos e intercambiando gritos con la audiencia durante sus conciertos en una de las muchas escenas subterráneas que han surgido en Lima en los últimos años. Tocadas constantes en lugares que van perdiendo relevancia mientras más populares se vuelven: el Partido Socialista en el centro, El Keko Bar de Barranco y El Local (de Acción Popular) en Gonzales Prada, Miraflores. Lugares llenos de universitarios y posadolescentes sobrecargando sus cuerpitos con chelas y huiros entre conversaciones sobre Lacan y la última película de Cronenberg. Una mezcla de hipsters con punks. Por allí van, inventándose adjetivos.

Luis Guzmán se forma en el 2011 con un repertorio de canciones llenas de referencias a drogas, tetas, desamores y a una Lima emocionalmente cruda. Su nuevo disco incluirá algunos de sus hits, MD, La hermana de coco y Clonazepam, con letras, asumo, basadas en experiencias de la vida real. El sonido es una mezcla de rockabilly, punk, blues, rock: todas esas vainas con una voz súper rasposa.

La entrevista consiste en que yo anoto sus acciones en un cuaderno mientras ellos conversan entre sí y juegan haciendo ejercicios en las barras del parque. Pero antes de eso, lo primero que sucede es que alguien prende un huiro. Al frente hay un serenazgo. Nando, el bajista, acusa a otro de la banda: “Oye, ¿qué fumas si hay un serenazgo al lado? Basura rebelde.”

Se pasan la noche jodiéndose, sacándose en cara roches, pasadas de vuelta y los nombres de las “ex” recurrentes. Recuerdan sus peores momentos con el mayor afecto. Chato Wario, baterista, trae a la mesa una de estas historias. Le dice a Santiago: “En Chiclayo casi te botamos de la banda. ¡No fuiste a un concierto!”. Santiago contesta inocentemente “¡Es que me quedé jato!”. Excusa suficiente para todos los presentes.

Con esa actitud un tanto improvisada la banda toma forma, con la usual rotación de vocalistas de otras bandas subte que espontáneamente se suben al escenario durante sus shows, para cantar con ellos. El descontrol desborda las personalidades rarísimas de los integrantes. Giacomo, el guitarrista, se queda la mayor parte de la noche en silencio, constantemente recogiendo ramas y basura del piso, rompiéndolas o pateándolas lejos.

Sigue la noche camino a un bar, para celebrar el cumpleaños del Chato Wario. Cuenta que, a veces, cuando recibe llamadas para conciertos le dicen Sr. Luis. “Piensan que es mi nombre”.

El nombre de la banda viene del actor Luis Guzmán, notable personaje secundario de películas como Magnolia, Boogie Nights y Carlitos Way. ¿Por qué adoptaron ese nombre? Decido no averiguarlo: eso de preguntar a las bandas por el origen de su nombre es lo más monse del mundo.

Su primer disco, Para no leer más, se lanzará en una fecha incierta de junio. Mientras tanto, tienen un concierto este 27 de abril en El Gabinete (743 Av. Bolognesi) de Barranco.


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Revista Vela Verde

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